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Fundación UNAM

CCH 50 años de aprender a aprender

En las imágenes en blanco y negro unos tienen mirada de asombro, otros ríen y se abrazan, como escudándose, cuando se percatan que los ha captado la cámara; algunos más caminan sin saber que sus siluetas han sido atrapadas en papel fotográfico. Ellas portan faldas largas, lisas o floreadas; ellos, pantalones de mezclilla o acampanados, cabelleras libres. Es el atuendo de los años 70 del siglo pasado. Llevan los cuadernos y los libros entre los brazos. Son colegiales que posan para un fondo pleno de estructuras de metal y concreto que pronto se convertirán en nuevos salones y laboratorios.

En 1971, la primera generación del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) estuvo rodeada de extensos espacios vacíos y pasillos sin transitar aún. En cada uno de sus tres primeros planteles –Azcapotzalco, Naucalpan y Vallejo– se concentraban poco más de 500 profesores y cinco mil estudiantes. Ellos encarnaban la propuesta del entonces rector de la UNAM Pablo González Casanova, que visualizaba al CCH “como un motor permanente de innovación de la enseñanza universitaria y nacional”

Fotografía de CCH

Se trataba de un proyecto que daría respuesta a la alta demanda de lugares en el bachillerato y promovería la modernidad académica de la propia Universidad. Incluía una nueva visión curricular y modelo educativo. Contrario a la formación tradicional imperante, situaba al alumno en el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje, de manera que se formara como una persona capaz de trasformar su medio y a sí mismo.

El origen

La gestación del CCH estuvo confiada a un grupo de 80 universitarios prominentes, encabezados por el entonces coordinador de Ciencias de la UNAM, Roger Díaz de Cossío. El resultado fue la formulación del Proyecto Nueva Universidad; no obstante, fue suspendido y eso dio paso a un plan para crear el CCH.

Para ello se convocó a los coordinadores de Ciencias y Humanidades; a los titulares de las facultades de Filosofía y Letras, Ciencias, Química y Ciencias Políticas y Sociales, y al director de la Escuela Nacional Preparatoria. El 26 de enero de 1971, el Consejo Universitario aprobó la iniciativa por unanimidad.

En poco menos de 80 días, los tres planteles citados abrieron sus puertas para recibir a los jóvenes, profesores y trabajadores. Un año después, el 3 de abril, los planteles Oriente y Sur se sumarían al proyecto. En ese año, la población estudiantil de los cinco planteles llegó a 40 mil alumnos con 900 docentes.

Dos décadas después fue creado su máximo órgano de gobierno: el Consejo Técnico, a partir de la demanda de la propia comunidad cecehachera. Sesionó por primera vez el 26 de febrero de 1992, previa elección por la propia comunidad. Entre sus atribuciones principales están: legislar, planear, organizar, dirigir y evaluar las actividades académicas del CCH.

Tras 25 años de vida, el CCH se dispondría a la revisión de su Plan y Programas de Estudio, de la entonces Unidad Académica del Ciclo de Bachillerato. Su aprobación por parte de los órganos colegiados correspondientes se dio en julio de 1996. Tras un largo trabajo de análisis e investigación, discusiones y acuerdos, la institución se agregaba a otras entidades universitarias que “renovaban los fundamentos de su enseñanza para ofrecer mayor preparación a sus estudiantes”.

Esta circunstancia hizo posible que, un año después, el CCH obtuviera el carácter de Escuela Nacional, que le confirió el pleno del Consejo Universitario el 3 de diciembre de 1997. Este cambio le permitió, de acuerdo con la exposición de motivos, convertirse en una entidad académica plenamente reconocida en el Estatuto General, “en la misma forma que lo es la Escuela Nacional Preparatoria”. Gracias a ello, ocupó un lugar en el Consejo Universitario y pudo ser conducido por un director general, proceso que culminó con la toma de posesión de José de Jesús Bazán Levy, el 24 de febrero de 1998.

Hoy, la comunidad del CCH está conformada por casi 60 mil jóvenes y una planta de más de tres mil profesores, que en conjunto han dado vida a los principios que sostienen el modelo educativo: aprender a aprender, aprender a hacer y aprender a ser. Y durante 50 años se han impulsado múltiples programas de fortalecimiento al aprendizaje y actualización, y formación docente, principalmente en la incorporación de recursos tecnológicos para dar respuesta a los nuevos desafíos en el ámbito de la enseñanza.

La imagen fotográfica del CCH continúa. Está llena de vitalidad juvenil y bullicio. Pero tiene algunas diferencias: hay colores, los atuendos corresponden a los años 20 del siglo XXI, los adolescentes caminan presurosos, y esa imagen seguramente será compartida en redes sociales para aumentar exponencialmente su fama.

Aquella generación y la actual, divididas por la ropa y el color, comparten una visión: alcanzar una formación que responda a las exigencias de la sociedad mexicana, como lo proyectó González Casanova, quien quería en las aulas del CCH a jóvenes preparados para un “país que requiere de la investigación científica, tecnológica y humanista, cada vez más, una nación independiente y soberana, con menos injusticias y carencias”.

Fuente: Gaceta UNAM

3 thoughts

  1. Orgullosa de haber pertenecido a unas de las 50 generaciones de CCH la 1981 que dio lugar a mi membresía universitaria; estuve en el Sur hermoso lugar y espacio donde convivimos una enorme diversidad de pensamientos, nacionalidades, en esa época asistían cientos de estudiantes de todo Latinoamérica, exiliados de sus países por dictaduras. Se respiraba la libertad de opinar y de disentir. Fué una de las épocas más hermosas de mi vida, hice mío el CCH. Prácticamente era mi hábitat. Ojalá prevalezca y se multipliquen más recintos que den cabida a la libre expresión y al libre aprendizaje. ¡Felicidades!

  2. Ingresé en 1992 y salí en 1994, afortunadamente para mí en ese tiempo eran 4 turnos por lo que mi solicitud fue en el cuarto ya que trabajaba horario completo. Puedo decir que no pude tener mucha convivencia ya que mi objetivo era concluir mi bachillerato en los 3 años y con orgullo pude estar en el cuadro de Estudiantes sobresalientes terminando con un buen promedio lo cual me permitió ingresar a la Facultad (FCA) y en esta por mi trabajo tarde en Titularme ya que no podía cursar todas mis materias pero con dedicación y empeño me titulé en abril de 2002. Gracias UNAM

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