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Fundación UNAM

Mi vida en la UNAM

Mi vida ha estado ligada a la UNAM desde 1956, año en que inicié mis estudios en la Escuela Nacional Preparatoria número 1, cuando estaba ubicada en el Centro Histórico, en la calle de San Ildefonso. Por supuesto, cuando uno es joven la escuela representa no sólo los estudios, sino también los amigos, las nuevas experiencias y la libertad.

Al terminar decidí inscribirme en la Facultad de Ciencias de la UNAM para estudiar la carrera de Física. Ésta fue una experiencia inolvidable, formidable, aunque un tanto traumática porque todos los estudiantes que llegamos pensábamos que éramos muy inteligentes. Cuando llegamos al salón, todos creíamos ser genios y resultó que no lo éramos, por lo que costó trabajo aceptar la realidad; una vez que se hicieron los ajustes emocionales adecuados, resultó sensacional. Fue un reto continuo, mucho trabajo, mucha dedicación, y también nuevos amigos, inteligentes, entusiastas y generosos; amigos que hasta la fecha conservo y que aprecio mucho. Por ello puedo afirmar que la UNAM para mí ha sido una parte muy importante de mi vida; ya que ha sido un punto de encuentro conmigo misma, de encuentro con el conocimiento, de encuentro con personas muy interesantes y estimulantes.

Cuando cursaba el segundo año de licenciatura ingresé al Instituto de Astronomía como Ayudante de Investigador, lo que me permitió atisbar lo que es la investigación, así como apreciar la dedicación y el entusiasmo por el trabajo de mis maestros. Posteriormente viajé a Estados Unidos, donde estudié el doctorado en Astronomía. A mi regreso a México, la UNAM me dio la oportunidad de hacer aquello para lo que me preparé: investigación en Astrofísica, y desde entonces he continuado. Es decir, regresé a trabajar al Instituto de Astronomía, el cual se convirtió en una extensión de mi casa.

Aunque el Observatorio Astronómico Nacional lo cuida y mantiene la UNAM, en realidad es una instalación nacional que le fue dada en custodia por el Estado en 1929. No es el único caso, también se le asignó la Biblioteca Nacional, la Hemeroteca Nacional, y ahora tiene algunos laboratorios nacionales bajo su responsabilidad. El sitio donde el Observatorio Nacional se ha desarrollado es en la Sierra de San Pedro Mártir, Baja California, en la parte más alta de dicha Península, donde están los mejores cielos, los más oscuros, los menos contaminados del hemisferio norte, y en donde los vientos que vienen del océano hacen que la atmósfera tenga poca turbulencia; todas éstas, cualidades muy deseables para la observación astronómica. Desde la inauguración del Observatorio en Baja California en 1979 se cuenta con tres telescopios modestos. Dado el enorme crecimiento de la disciplina ahora se requieren telescopios nuevos, de mayor tamaño, más modernos y de nueva generación. Mediante colaboraciones internacionales se están construyendo telescopios pequeños, dedicados a un solo proyecto. Sin embargo, desde hace varios años tenemos el proyecto de construir un telescopio más grande, de seis y medio metros de diámtero, en colaboración con el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica, al igual que con la Universidad de Arizona y con el Instituto Smithsoniano de Estados Unidos.

Para mí, la Universidad sigue siendo un continuo de experiencias, un reto permanente. Presenta grandes oportunidades y exigencias de trabajo, y permite el encuentro con los jóvenes. Siento que los estudiantes, así como mis hijos, son los mayores críticos; lo cual es muy positivo ya que el contacto con los jóvenes me mantiene atenta y más cuidadosa de lo que estoy haciendo, pienso que me rejuvenece.

Por cierto, creo que tanto mi esposo —que también es astrónomo— como yo proyectamos nuestro entusiasmo por la ciencia y por la UNAM en la familia, ya que nuestros hijos también estudiaron en la Facultad de Ciencias de esta institución (mi hijo en Física y mi hija en Biología).

En verdad estoy totalmente comprometida con los fines de la UNAM. Considero que la Universidad es la conciencia de este país y que debe permanecer como tal, siendo crítica de lo que sucede, ya que no podemos estar siempre complacientes con lo que ocurre a nuestro alrededor.

La UNAM ha entregado los mejores resultados a la sociedad, porque ha preparado a los profesionistas que laboran en todo el país, y que a su vez han colaborado con la formación de nuevos centros de estudio. Ahora ya existen otras universidades, lo cual es muy importante, pero creo que debemos aspirar a que la UNAM continúe con su liderazgo. La Universidad recibe fondos amplios de la sociedad mexicana, fondos públicos, pero sostengo que puede y debe también recibir fondos privados. En otros países, específicamente en Estados Unidos, hay una cultura muy importante de donativos, lo que ha permitido que se funden universidades enteras, hospitales, alas de hospitales, laboratorios de primer nivel, por medio de aportaciones privadas. En general, estas aportaciones las otorgan personas que han tenido éxito económico y que consideran que parte de su riqueza la deben de compartir con la sociedad, por lo que apoyan económicamente a las universidades e instituciones.

Estoy convencida que es importante darle oportunidad a los jóvenes para que se desarrollen mejor, y así ayudar al país, y uno de los caminos para lograrlo es reforzando las universidades públicas. En México no hemos logrado impulsar suficientemente la cultura de las aportaciones privadas. Creo que el esfuerzo de Fundación UNAM es muy importante, particularmente promoviendo donativos por parte de los egresados de la propia Universidad; muchos de ellos han podido llevar una vida plena y exitosa gracias a la preparación que gratuitamente les ofreció la Universidad, por lo cual deberían de otorgar recursos a la Fundación UNAM.

Por: Silvia Torres Castilleja, Miembro de la Comisión de Vigilancia de Fundación UNAM

 

Fuente | El Universal


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