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Incertidumbre en la Nueva Normalidad

La nueva normalidad puede representar una etapa de incertidumbre y estrés, que representa una crisis ante el largo encierro vivido y un periodo de adaptación ante las nuevas condiciones que limitan la convivencia entre las personas

La nueva normalidad puede representar una etapa de incertidumbre y estrés, que representa una crisis ante el largo encierro vivido y un periodo de adaptación ante las nuevas condiciones que limitan la convivencia entre las personas, destacaron dos especialistas de la UNAM en la conferencia de medios a distancia “¿Cómo Vivimos la Nueva Normalidad?”

El cerebro tiene una característica especial, nos permite interactuar con el medio, ya sean personas, ambientes y otros seres vivos. Nos da la capacidad para modificar, manipular y responder a ese medio ambiente, así como la flexibilidad para adaptarnos a nuevos entornos y situaciones. Pero, a su vez, puede ser modificado por esas interacciones y por ese medio cambiante”, afirmó Ana Natalia Seubert Ravelo, investigadora de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala.

Explicó que el cerebro es modificado cada vez que aprendemos algo nuevo o tenemos una nueva experiencia, sea positiva o traumática.

“Se ocasionan cambios en la liberación de ciertos químicos cerebrales llamados neurotransmisores, puede causar cambios a nivel hormonal, crearse nuevas redes y conexiones cerebrales e, incluso, esas interacciones con el medio pueden generar cambios a nivel de la actividad genética. A esto le llamamos plasticidad cerebral”, resumió.

Seubert Ravelo añadió que todos estos cambios cerebrales, asimismo, pueden repercutir en cómo nos sentimos, cómo actuamos y cómo nos relacionamos con los demás, al igual sabemos que esta época nos ha dado oportunidad de flexibilizarnos y adaptarnos a la nueva normalidad, y la calificó como etapa de crisis y adaptación física, psicológica y social.

La experta destacó que el humano es un ser social, que requiere cercanía física, apego e identificación de emociones en los rostros de los demás para poder sobrevivir, obtener alimento, defendernos de otros grupos.

La sociedad proporciona seguridad, y hemos desarrollado un cerebro social, con redes específicas que están involucradas en el reconocimiento y el análisis de las respuestas de índole social, afirmó.

Sostuvo que el distanciamiento social y el uso constante del cubrebocas han llegado a entorpecer nuestra capacidad de reconocer emociones a partir de gestos sutiles, especialmente en los niños. Sin embargo, subrayó que ello no es razón suficiente para no usar mascarilla ni mantener la sana distancia, pues significa una protección para todos.

Fuente: Gaceta UNAM

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