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La sociedad rechaza cada vez más el uso de animales con fines científicos

El rechazo social en el uso de animales en experimentos científicos es cada vez más grande, sin embargo, hay que destacar que ello ha proporcionado invaluables beneficios a la humanidad y aun al mismo reino animal, sobre todo en el ámbito de las ciencias médicas, aunque, no se ha dejado de buscar alternativas.

En 1959, los biólogos ingleses W. M. S. Russell y R. L. Burch formularon en su libro The principles of humane experimental technique lo que llamaron el principio de las tres erres: reemplazar, reducir y refinar.

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La primera erre alude a métodos que eviten o sustituyan el uso de animales. Esto incluye tanto los reemplazos absolutos (sustituir animales por cultivos celulares y modelos informáticos) como los reemplazos relativos (sustituir vertebrados por animales con una menor percepción del dolor, como insectos, parásitos y bacterias).

La segunda erre alude a cualquier estrategia que tenga como resultado el uso de un menor número de animales para obtener información, o la maximización de la información obtenida por animal (por ejemplo, al compartir órganos), para así limitar o evitar el uso posterior de otros.

En cuanto a la tercera erre, alude a la modificación y mejoramiento de las técnicas experimentales para minimizar el dolor, el sufrimiento y la angustia de los animales, así como para mejorar su bienestar desde su nacimiento hasta su muerte, refiere Elizabeth Téllez, médica veterinaria zootecnista y profesora colaboradora del Programa Universitario de Bioética de la UNAM.

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“El caso más reciente se dio en la Facultad de Medicina, donde se dejaron de usar conejos en cirugías y se sustituyeron por modelos morfo-anatómicos sofisticados. En la Facultad de Veterinaria también se utilizan simuladores en computadora para asignaturas como fisiología y farmacología, y se han adquirido modelos y maniquíes de perros y bovinos que permiten hacer diversas maniobras, como intubación, toma de muestra sanguínea, reducción de fracturas, suturas o procedimientos de ayuda de parto en vacas. Sin embargo, considero que todavía faltan muchas herramientas, como maniquíes realistas para practicar técnicas quirúrgicas y simuladores de realidad aumentada. Por eso, además de capacitar a futuros miembros de comités de ética en investigación, el Programa Universitario de Bioética capacita a futuros miembros de comités para el cuidado y uso de los animales (CICUALES)”, comenta Téllez.

Se tiene la idea generalizada de que, en lo que concierne a los experimentos científicos con animales, hay dos posturas antagónicas: la de los investigadores que son insensibles y usan a los animales como simple material biológico; y la de los “terroristas anti-ciencia” que defienden los derechos de los animales. Y, justamente, uno de los propósitos del Programa Universitario de Bioética de la UNAM es echar por tierra esta idea, este supuesto divorcio entre las ciencias y las humanidades.

Fuente: UNAM Global

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