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Los primeros murales de México

Los primeros murales fueron grandes alegorías sobre el saber, o bien representaciones de distintas confrontaciones sociales durante y después de la Revolución

Cuando se piensa en el muralismo, es frecuente que se le asocie con una visión de la historia de México que condena la conquista española, a la vez que idealiza el pasado indígena. Sin embargo, esta forma de pintura mural tardó en afianzarse, pues los primeros murales fueron grandes alegorías sobre el saber, o bien representaciones de distintas confrontaciones sociales durante y después de la Revolución.

Uno de los puntos de partida de aquella pintura de historia que deploraba la violencia de la Conquista, a la vez que exaltaba las culturas antiguas, puede encontrarse en un mural de la escalera de la Escuela Nacional Preparatoria: La matanza del Templo Mayor (1922-1923), del pintor francés Jean Charlot. Esta composición se apoya en la crónica de Fray Diego Durán, que aparece citada textualmente en el propio fresco.

Emula los cuadros de La batalla de San Romano (1435-1440), de Paolo Uccello, un pintor del Renacimiento que había causado interés en los medios cubistas por sus exigentes composiciones geométricas. Charlot propone una especie de cono de lanzas que continúan la cabalgata de los guerreros, de derecha a izquierda.

El fresco cuenta la historia de una potencia militar que se impone en virtud de sus recursos tecnológicos. No es difícil, sin embargo, entender aquí una historia un poco distinta: la de un pueblo dedicado al cultivo de las artes y las ciencias que se ve brutalmente agredido por una máquina de guerra. Charlot había sido movilizado en los años finales de la Primera Guerra Mundial. Según ha establecido su hijo y biógrafo, John Charlot, aunque las figuras del lado izquierdo representan a los sacerdotes mexicas en medio de una ceremonia, algunas de ellas se inspiran en la propaganda antialemana de los aliados; particularmente la joven rubia en la parte inferior.

Este mural fue una de las primeras pinturas de historia en el movimiento muralista. Son varias las cosas que estableció este pintor francés:

a) La identificación de la Conquista como el proceso más significativo en la historia de México, y su caracterización como una lucha entre la civilización y la barbarie (esta última, desde luego, representada por los atacantes con armadura);

b) La atención por episodios construidos con enorme rigor geométrico;

c) La escala monumental y heroica de las representaciones, y

d) El rescate de la noción académica de composición: de utilizar la disposición de las figuras en el plano pictórico como argumentos acerca de la verdad en la historia.

Otros pintores contemporáneos de Charlot, de manera notable Ramón Alva de la Canal, explorarían otros temas históricos en los mismos años. No obstante, tendría que pasar bastante tiempo antes que la pintura mural se entendiera como pintura de historia y más aún: como historia del final de las civilizaciones mexicanas y el establecimiento del dominio español.

Es hasta los murales de Diego Rivera en el Palacio Nacional y en el Palacio de Cortés, así como los de José Clemente Orozco en el Dartmouth College, en Estados Unidos, que esta tendencia se afianza en el movimiento para convertirse en su característica definitoria.

Fuente: Gaceta UNAM

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