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Fundación UNAM

Fernando González Villarreal

La unam: mi ancla ante aguas turbulentas

Crecí observando un México desigual, pero por las enseñanzas de mis padres, sentí que tenía la responsabilidad de transformar mi entorno y encontré en el agua el medio ideal. Las desigualdades me trajeron a la capital, pues en Hermosillo no existía la carrera de Ingeniería Hidráulica. Tomé el Ferrocarril del Pacífico y llegué a la ciudad para inscribirme en la UNAM, lugar que me abrió sus puertas y se convirtió en mi ancla ante aguas turbulentas.

En la UNAM conocí a entrañables amigos y me formé con ilustres profesores, como Sánchez Bribiesca, quien me impulsó a estudiar la maestría y el doctorado en la Universidad de California, Berkeley. Ahí me enfrenté a sucesos que marcaron a la humanidad y que forjaron mi propia naturaleza, la cual se inquieta cuando tiene nichos de confort y, por ello, siempre busco el cambio y la innovación.

Tras finalizar mi doctorado, volví a mi casa: la UNAM. Recibí una invitación para formar parte del Instituto de Ingeniería y junto con otros jóvenes integramos un grupo modernizador. Siempre sentí pasión por la investigación y la docencia, pero mi formación me enseñó que no era suficiente ser un “investigador puro”, yo quería contribuir a la solución de los problemas hídricos y el Instituto me lo permitió.

A la UNAM le debo mi papel central en el sector hídrico mexicano, donde dirigí el Plan Nacional Hidráulico, trabajé con cuatro presidentes y encabecé la política hidráulica nacional por más de dos décadas. Como ingeniero, me enorgullece decir que construí y operé la gran infraestructura hidráulica como las presas del Cerro de Oro y Huites o el acueducto del Cuchillo y la tercera etapa del Cutzamala. También, senté las bases institucionales de la gestión del agua, mediante la conformación de la CONAGUA, el IMTA y la iniciativa de la Ley de Aguas Nacionales.

Al finalizar mi paso por la administración pública, salí de México para participar en el Banco Mundial y en la Asociación Mundial por el Agua. Contribuí a la reforma global de los sistemas de riego y a la definición de la Gestión Integrada de los Recursos Hídricos. Después de varios años, regresé a México para trabajar en mi estado y enfrentar la sequía histórica del valle del Yaqui, pero sentía la necesidad de volver a casa.

Mi regreso a la UNAM me ha permitido seguir contribuyendo al análisis y solución de los problemas hídricos. Conformé la Red del Agua y PUMAGUA para gestionar mejor el agua en nuestros espacios universitarios. También, dirigí proyectos como el Programa Hídrico Integral de Tabasco, el Inventario Nacional de Humedales o la Sala del Agua en el Universum. Ahora, tengo la fortuna de compartir estos conocimientos con América Latina y el Caribe mediante el Centro Regional de Seguridad Hídrica de la UNESCO.

Mi vida es la vinculación –o como decía mi padre, el preparar “la capirotada”– entre la academia, el gobierno, las empresas y las organizaciones internacionales, pero también entre la teoría y la práctica. En esto comparto el espíritu con Fundación UNAM, cuyo incansable trabajo de vinculación les ha cambiado la vida a millones de jóvenes, no sólo a través de sus programas de becas, sino de su extensa labor de servicio a los universitarios.

Sin duda, mi ancla siempre estará en la UNAM, depositaria de la tradición y promotora del cambio; el corazón y el cerebro de México; trabajadora incesante para que se aquieten estas aguas turbulentas.

Investigador del Instituto de Ingeniería

Fuente: https://www.eluniversal.com.mx/

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