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Gonzalo Moctezuma Barragán

Abrir puertas, un propósito más de Fundación UNAM

El cosmos universitario tiene un poder único: el de abrir mentes, corazones, mundos. Así lo viví en la década de los noventa cuando se me brindó la oportunidad de participar dentro de ese organismo vivo que es la UNAM desde una perspectiva laboral. Cursaba estudios de doctorado en la Facultad de Derecho cuando me exhortaron a sumarme como docente y, posteriormente, como abogado general por invitación del rector Francisco Barnés, una enorme distinción y el mayor compromiso para un egresado de dicha Facultad.

Recuerdo una ocasión en que, en un receso de alguna reunión de directores de facultades e institutos, debatía con el director de la Facultad de Contaduría y Administración respecto del concepto en materia de auditoría de lo “razonablemente aceptable”. Yo sostenía mi desacuerdo con dicho concepto porque los números o cuadran o no cuadran, cuando de pronto se acercó la directora del Instituto de Astronomía y me preguntó: “¿Cuál es el concepto base del derecho?”, a lo que respondí: “El deber ser”. La astrónoma entonces reflexionó: “Mientras ustedes dos discuten sobre la validez de lo ‘razonablemente aceptable’ y de ‘el deber ser’, el universo sigue en expansión, por lo que nuestro planeta viaja ocupando espacios nuevos y por tanto nunca más vuelve al mismo sitio”. Acto seguido le cuestioné: “¿Cuál es entonces la unidad de medida para un astrónomo?”. “La velocidad de la luz”, me respondió. Encuentros como este, que nos abren a otras formas de pensar y percibir la vida, reflejan la trascendencia de la comunidad universitaria de la UNAM.

Durante mi gestión como abogado general, tuve la oportunidad de participar entusiastamente con la Fundación UNAM (FUNAM), gracias a que el doctor Barnés estableció entre sus prioridades su consolidación, tras ser creada en 1993 por el doctor José Sarukhán.

Este año la Fundación cumple su treinta aniversario y me llena de orgullo poder compartir en estas líneas una historia que muestra su relevancia en distintos ámbitos de la vida de nuestro país, como lo es su trascendental rol en la vinculación entre los estudiantes y la sociedad, una tarea íntimamente ligada a la docencia. Siempre he creído que, si bien la formación y titulación de los alumnos es importante, también lo es que encuentren oportunidades para desarrollarse profesionalmente.

Fue en el año 2015 que retomé el contacto con FUNAM; colaboraba directamente con el ministro presidente de la Suprema Corte y del Consejo de la Judicatura, Luis María Aguilar, universitario de raíces profundas, quien me instruyó para trabajar en el fortalecimiento del Programa de Prácticas Judiciales del Poder Judicial de la Federación, desde mi posición como secretario ejecutivo del Pleno del Consejo. Dicho Programa se instituyó para eliminar la figura del “trabajador meritorio” dentro de juzgados y tribunales, figura que, si bien contaba con antecedentes históricos importantes y fue una vía de acercamiento a la carrera judicial, carecía de regulación, por lo que su manejo era discrecional. Los meritorios no contaban con un régimen de derechos y obligaciones, ni con apoyo económico alguno.

En su lugar, el Consejo de la Judicatura Federal creó la figura de participante en el Programa de Prácticas Judiciales, estableciendo para ello un marco regulatorio acorde con el reconocimiento de la dignidad de la persona y de los Derechos Humanos.

Ante la encomienda del ministro Aguilar, propuse acercarnos a la FUNAM para contar con su experiencia en la promoción de programas como el de Prácticas Judiciales. Fui recibido por su directora ejecutiva, Araceli Rodríguez, quien confirmó el interés en colaborar y se suscribió un convenio bajo el cual la Fundación, a través de su presidente Dionisio A. Meade, se comprometió a difundir y apoyar, entre los estudiantes de la carrera de Derecho y otras afines, las Prácticas Judiciales.

El Programa representa, a la fecha, una oportunidad inmejorable para los estudiantes que cursan su carrera e incluso para aquellos que se encuentran realizando alguna especialidad, maestría o doctorado.

El éxito del diseño e implementación del Programa de Prácticas Judiciales, gracias al impulso dado por FUNAM, fue tal que la Organización de Estados Americanos (OEA) lo reconoció y lo recomienda a todos los poderes judiciales del continente; toda vez que fomenta en los jóvenes estudiantes de Derecho los principios institucionales de pertenencia y ética judicial, transparenta el quehacer jurisdiccional, al tiempo que impulsa el desarrollo de habilidades y competencias en los futuros abogados.

Parafraseando al ministro Aguilar, las Practicas Judiciales contribuyen a despertar la vocación por la justicia, al introducir a los jóvenes en el maravilloso viaje de la experiencia, el conocimiento cercano y la vivencia con juzgadores y justiciables; así como a valorar su trabajo y a sentirse parte de una comunidad judicial que es equilibrio del tejido social y de la salud de la República 1

Ahora bien, en aquellos casos en que el practicante decide no seguir la carrera judicial, la sociedad se beneficia ya que este se lleva consigo el aprendizaje y capacitación a otras áreas de la profesión como el litigio, la consultoría, la docencia, o la investigación, abonando así a una mayor cultura jurídica para nuestro país.

En la actualidad se cuenta con mil doscientos cincuenta y cinco practicantes judiciales en todo el país, provenientes de la UNAM y de otras universidades públicas y privadas. Cabe destacar que son las mujeres quienes mayoritariamente participan en las Prácticas Judiciales.

Este relato tiene la finalidad de compartir un fragmento muy concreto de la labor de la FUNAM y de su excelencia en “hacer posible lo imposible”. En estos treinta años, la Fundación ha sido clave en la misión que, desde mi perspectiva, comparte con la UNAM: la de abrir mentes, corazones, mundos y, por supuesto, infinidad de puertas.

Maestro en Derecho y abogado general de la UNAM 1997-1999

Datos de contacto para inscribirse en el Programa de Prácticas Judiciales:

Dirección de Prácticas Judiciales y Becas del Consejo de la Judicatura Federal

Teléfono: 5554499500, extensiones: 6550, 6562, 6569, 6571, 6572, 6573 y 6716.

1 Luis María Aguilar Morales. “Las prácticas judiciales en el Nuevo Sistema de Justicia Penal Federal”. Compromiso. Órgano informativo del Poder Judicial de la Federación 15, núm. 188 (febrero de 2017): p. 24.

Fuente: www.eluniversal.com.mx

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