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José Alejandro Velázquez Montes

Mi (re-)evolución en la UNAM

Mi primer acercamiento con la UNAM fue cuando terminé mi tercer grado de secundaria y tenía que optar por mi siguiente etapa educativa, que en mi caso debía ser una institución pública, gratuita y vespertina, pues tenía que combinar el trabajo con la escuela, ya que era ayudante de obrero junto con mi padre. Fue en el CCH Oriente y, un año más tarde, en la Prepa 5 de Coapa, donde comencé a ser parte de la comunidad UNAM, la cual me ha formado y transformado al darme oportunidades, desafíos y prerrogativas.

Al término de la prepa, solicité mi ingreso a CU y me aceptaron en la carrera de Biología, donde coincidí con ilustres estudiantes, ahí tuve la oportunidad y el privilegio de convivir con compañerxs sin importar distinciones entre clases sociales, tendencias, religiones y elecciones de género; fue en compañía de ellxs y de mis maestrxs que perfilé un camino sin retorno de pasión por las ciencias. Un poco más tarde, me convertí en monitor de acondicionamiento físico y a cambio la UNAM me becó para poder vivir en CU desde el amanecer hasta el anochecer. En mi último año de estudios de Biología, concursé y gané una plaza de ayudante de Bioterio y fue ahí en donde descubrí al zacatuche, un conejo mexicano endémico y en peligro de extinción. Mi tesis de licenciatura documentó el patrón de muda de esta especie, caso atípico y nuevo entre los conejos del mundo; ahí conocí a las doctoras Diana Bell (Universidad de East Anglia) y Cristina Pérez Amador (Facultad de Ciencias), de quienes aprendí el camino y el significado social de una publicación científica.

Gracias al producto de mi trabajo de tesis, la UNAM me postuló para obtener una beca del Consejo Británico y estudiar un diplomado sobre la conservación de las especies en peligro de extinción en la Fundación Gerald Durrell en Inglaterra. A mi regreso, cursé la maestría en Ciencias en la UNAM mientras buscaba oportunidades para estudiar fuera de México y fue la Organización Holandesa para la Internacionalización de la Educación (NUFFIC), la cual me becó para estudiar un diplomado en Ecología Rural. Ahí conocí a los profesores Antoine Cleef, Thomas Van der Hammen e Issak S. Zonneveld, quienes me condujeron a romper las fronteras disciplinarias, lingüísticas y culturales para atender los nuevos retos del conocimiento científico. Proseguí y, con el apoyo de CONACYT, comencé mi doctorado en la Universidad de Ámsterdam (UVA) y gracias a un intercambio estudié un año con el profesor Carlos J. Krebs de la Universidad de British Columbia en Canadá, quien me inspiró con sus experimentos marcando un antes y un después en mi vida académica. Finalmente, concluí mi doctorado como ecólogo del paisaje (una aproximación híbrida a la conservación desde la ecología y la geografía) y fue entonces cuando iniciaron los desafíos. El primero, mantener mi ayudantía de profesor que me ofrecía la UVA o aceptar la propuesta de la UNAM para repatriarme con apoyo de CONACYT y ser parte de la honorable comunidad de académicxs de Ciencias. No dudé, y por 6 años di clases y asesoré a estudiantes en la Facultad de Ciencias junto con estudiantes holandeses que ahora venían a la UNAM. El segundo, fue el de desarrollar un proyecto de investigación-intervención con comunidades indígenas en Michoacán, en colaboración con los doctores Victor M. Toledo y Gerardo Bocco asumimos el reto de consolidar el liderazgo internacional de una comunidad indígena en el manejo forestal integrado. El tercer desafío lo viví en 1993 al recibir la invitación para crear un campus de la UNAM en Morelia sumando cuatro iniciativas, a saber: la del Instituto de Astronomía a cargo del doctor Luis Felipe Rodríguez; la del Instituto de Matemáticas a cargo del doctor Raymundo Bautista, otra del Instituto de Ecología a cargo del doctor Manuel Maass y, por supuesto, el proyecto de comunidades indígenas en Michoacán. En 1995, logramos que el gobernador en turno (Lázaro Cárdenas Batel) donara un terreno y el entonces rector José Sarukhán inauguró en 1996 el primer edificio para el actual campus Morelia de la UNAM. La consolidación del campus fue encabezada por el doctor Ken Oyama, y para entonces ya había un par de decenas de académicxs que aún con incertidumbre de adscripción participamos activamente.

Como profesor en la Facultad de Ciencias fui desafiado nuevamente por un curso de Biología de Campo en el que participaron alrededor de 30 estudiantes, la gran mayoría eran mujeres mexicanas, holandesas y purépechas. El grupo de estudiantes, con enorme compromiso y actitud positiva, me alentó a aceptar otro desafío que me presentó el director del Instituto de Geografía de la UNAM, el doctor José Luis Palacio, quien me invitó a liderar y dirigir la creación de una Unidad Académica de Geografía (UAG) en el campus Morelia, labor que inicié en el 2001 y mantuve hasta el 2005 con la colaboración de los doctores Jean F. Mas y Narciso Barrera. Con ellos fijamos las bases conceptuales para crear una nueva entidad que contara con un carácter interdisciplinario para desarrollar las aún inexistentes ciencias ambientales en la UNAM. En el 2006, el rector Juan Ramón de la Fuente, quien reconoció la innovación de la propuesta y distinguió lo que la UNAM hacía en relación con la geografía y la ecología clásicas, concedió la transformación de la Unidad al actual Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental (CIGA). Desde la UAG, pude participar en la creación y coordinación de la maestría en Manejo Integrado del Paisaje con carácter de doble grado con colaboración del International Institute for Geo-Information Science and Earth Observation de Holanda. En el 2009, la UNAM me ofertó la primera prerrogativa, un sabático en la Universidad de McGill, Canadá y ahí me percaté del papel y potencial de las sedes de la UNAM en el extranjero para el reposicionamiento internacional de mi Alma Mater. El entonces director de la sede en Canadá, el doctor Federico Fernández, me desafió a combinar la ciencia con la conciencia para poner en el contexto internacional la magnificencia de lo que alberga la UNAM y con el apoyo del doctor Francisco Trigo (entonces secretario de Desarrollo Institucional) logramos adecuar los protocolos para poder alcanzar un mejor nivel de reconocimiento de la UNAM en Norteamérica. Esta colaboración en la internacionalización de la UNAM se extendió; primero dándome la prerrogativa de fungir como titular de la Dirección de Cooperación Académica con el apoyo del doctor Ken Oyama (el secretario en turno de Desarrollo Institucional). En julio de 2020, el rector Enrique Graue me confió la responsabilidad de ser el titular de la sede de la UNAM en Alemania. Así, hasta la fecha y con el apoyo de la doctora Patricia Dávila (actual secretaria de Desarrollo Institucional), nos hemos fijado la meta de vincular a las entidades de la UNAM con instituciones de educación superior y facilitar la cooperación académica de largo plazo en 16 países de Europa.

Asimismo, gracias a la formación que recibí en la UNAM, y a las oportunidades que me ha dado para desarrollarme profesionalmente, he sido galardonado con el Premio de Ecología – Biodiversidad 2009 que otorga la Asociación Interciencia de las Américas y también recibí el Premio Estatal de Investigación Científica y Humanística 2009. Actualmente, soy nivel III del Sistema Nacional de Investigadores de CONACYT. Y aún con mi doble cargo como investigador y como funcionario, siempre he intentado estar a la altura de la UNAM y, aunque me han concedido reconocimientos, ninguno significa tanto como ver a lxs nuevxs estudiantes recibir la noticia de haber sido elegidos para una beca de movilidad internacional, pues sé lo significativo que esto puede representar en la formación académica de unx estudiante.

En los últimos años, he trabajado de la mano con Fundación UNAM, pues sé que los apoyos para estudiantes de bajos recursos son limitados y también sé, porque lo he vivido en carne propia, que la UNAM puede representar oportunidades para cambiar la vida a decenas de miles de estudiantes que de otra forma no hubiéramos tenido acceso a una internacionalización. Exhorto al resto de la comunidad UNAM y empáticos de la misma, a sumarse a FUNAM y hacer posible que los sueños de lxs alumnxs, sólo gestados en la imaginación, puedan hacerse realidad.

Director del Centro de Estudios Mexicanos de la UNAM con sede en Alemania

Fuente: universal.com.mx

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