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Dionisio A. Meade

Cuando escribí este artículo no sabía del deceso del Dr. Sergio García Ramírez. Lo dedico a su memoria, gran mexicano, extraordinario universitario, formidable servidor público y gran amigo de la Fundación UNAM. Nunca olvidaremos que su penúltimo artículo publicado en “El Universal” el cual se llamó “Una obra   bienhechora: Fundación UNAM” Descanse en paz.

Fundación UNAM cumplió 31 años esta semana. Hay que seguir adelante. Siempre preguntándonos qué debemos hacer, cómo podemos ayudar más a nuestros jóvenes. 

La UNAM entra a una nueva etapa. Un Rector recientemente designado, el doctor Leonardo Lomelí, está iniciando su gestión y habrá que escuchar sus sugerencias, sus orientaciones. La Fundación es un brazo de la UNAM y asume su desempeño de su mano para impulsar sus objetivos esenciales: la docencia, la investigación científica y la difusión de la cultura.

La más terrible pandemia que hayamos visto en generaciones parece haber concluido. Nuevamente se ha impuesto la inteligencia, la cooperación   y   la   estrategia   para   hacerle   frente. Pero ha dejado lo que hemos llamado una nueva realidad. Claramente hay un antes y un después. Nuevas situaciones que habrá que resolver.

Un breve repaso nos señala los principales desafíos: el sistema educativo ha sido particularmente dañado. Se suman por miles los que han perdido la escuela y se reclama una estrategia específica para capturarlos otra vez. Nada genera más rezago que abandonar la escuela a cualquier nivel y aquí el impacto es generalizado. En todos los niveles hubo abandono y como institución de educación superior nos ocupa diseñar estrategias para recuperarlos.

En la actual realidad existen otros instrumentos: la educación a distancia ofrece oportunidades impensables. Podemos llegar más lejos, con más profundidad, abatiendo fronteras. Ya la UNAM había logrado avances increíbles en el diseño del aula del futuro, pero hoy, lo que fue un tímido arranque de las técnicas de información, se ha extendido de manera impresionante. Pero se reclaman avances acelerados para mejorar las instalaciones en todo el país para aprovechar estas posibilidades, para disponer de conexiones rápidas, baratas y seguras y, naturalmente, el diseño de materiales educativos para sacarle provecho. Inclusive, potenciar las posibilidades de vincularnos todavía más con otras universidades del extranjero para incorporarlas a nuestros programas formativos. Con más presencia de académicos extranjeros, con más visitas de los nuestros, con mayores intercambios, presenciales o a distancia, entre alumnos y maestros de todas las universidades que se sumen a estos proyectos.

En otra perspectiva, nuestro país acreditó en la pandemia muchos rezagos en materia de salud. Importa porque no será la única a la que tengamos que hacer frente. Miles de muertes que no se justifican acreditan la urgencia de pertrechar nuestra política de salud pública. Hubo rezagos en la innovación tecnológica, en la rapidez de asimilar los avances médicos, en el acceso y distribución de medicinas, en la administración en los hospitales. Como siempre, la UNAM hizo su parte. Fue pieza clave en muchos campos, inclusive en la política de comunicación. Se sabía que lo que dijera la UNAM era la última palabra, la que la gente escuchaba, la que generaba más confianza. Esa experiencia debe aprovecharse para fortalecer todas esas áreas. Generar esa política que acreciente el liderazgo y el prestigio que todavía tenemos en muy diversas áreas de la salud.

Fortalecer la investigación cuesta dinero; formar especialistas cuesta dinero; ser pioneros en cualquier materia cuesta dinero. Pero nada cuesta más que carecer de lo necesario cuando lo que está de por medio es la vida de la gente.

Hay aquí otro espacio en el que la Fundación puede contribuir a los objetivos de nuestra máxima Casa de Estudios. Muchos otros campos demandan nuestra acción. Las ciencias de la tierra en un país que tiene tantos recursos minerales, el cuidado de la sustentabilidad cuando concentramos tanta diversidad, el cuidado de los mares y de nuestros bosques y su explotación racional, el impulso de las ingenierías, incluyendo el mayor conocimiento de la previsión y conocimiento de los terremotos, en donde nuestra Universidad tanto ha destacado, la riqueza de nuestra arquitectura, inclusive para enfrentar la demanda de vivienda a la que debemos atender y que exige respuestas que se pueden dar desde la Universidad. También la UNAM destaca en el manejo de siniestros como temblores o huracanes, pero su manejo puede ser mejor.

Nuestra UNAM ha destacado también en temas de género que, en justicia, reclama mayores avances, no obstante, lo alcanzado. Los temas de movilidad en personas y transportes han sido motivo de nuestras reflexiones y hoy se acentúan con ese fenómeno humano de la migración de tanta población que se moviliza en busca de mejores condiciones de vida y en donde nos hemos vuelto de forma simultánea paso y destino.

Cuando contamos con formidables juristas, extraordinarios economistas, sociólogos destacados es de esperarse la promoción eficaz del estado de derecho, una política económica que favorezca el desarrollo y la equidad y una política social que estimule la inclusión y que abata la pobreza. De igual forma, ante la reiterada escasez de recursos la imaginación y el talento de nuestros administradores innovando procesos será un camino para hacerles frente.

Nuevos desafíos acompañan la vida de hoy, desde lo que podemos seguir descubriendo a través de microscopios hasta los confines de un universo infinito que a través de telescopios cada vez más potentes nos abre horizontes inacabables.

Hoy la inteligencia artificial nos permitirá dar nuevas y mayores respuestas a este mundo que se abre a nuestra vista. Otra responsabilidad de nuestra UNAM es la difusión de la cultura, cuyas raíces y expresiones abren un mosaico en todos sus ámbitos que siempre es más rico y diverso.

Con esa perspectiva, continuaremos con nuestras actividades dando prioridad a estos propósitos, siempre de la mano de la UNAM. Desde luego continuaremos con nuestros apoyos, ya más de un millón, con nuestras actividades de docencia, de apoyo y divulgación a la investigación científica. Al apoyo a la educación superior. Más documentales y mayor presencia del Consorcio de Universidades por la Ciencia. A la difusión cultural. Nuestros conciertos de este año, de la mano de la Fundación Inbursa, serán para apoyar a la Universidad de Guerrero, severamente perjudicada por el huracán Otis.

No nos asombremos de que aquí se haya generado tanta capacidad y tanta inteligencia, de que en los campos más diversos contemos con la presencia y herencia de los Premios Nobel que se alimentaron de la sabiduría de la UNAM, Alfonso García Robles procurando la paz, Mario Molina en el campo de la investigación científica, Octavio Paz con la riqueza de su literatura.

Esa es nuestra UNAM. Su trabajo incansable, su extraordinaria comunidad, sus admirables jóvenes, maestros e investigadores, nos hacen ver con optimismo el futuro. Esperar el año con ilusión y con esperanza, sumándonos al talento del nuevo Rector y de las autoridades que lo acompañan, con esos extraordinarios consejeros de la Fundación dispuestos a sumarse al destino de la UNAM con su capacidad y recursos. Todos ellos celosos defensores de la autonomía universitaria y de la libertad de cátedra.

Por eso podemos decir con entusiasmo y con fervor: “Por mi raza hablará el espíritu”.

Presidente del Consejo Directivo de Fundación UNAM

Fuente: www.eluniversal.com.mx

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