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Rubén Bonifaz Nuño: Los demonios y los días de un poeta

Licenciado, poeta, maestro, filólogo, editor, gerente, coordinador, traductor… eterno universitario. Rubén Bonifaz Nuño fue un intelectual polifacético o, como algún académico diría, “bonifacético”.

A doce años de su fallecimiento, su obra permanece para recordarnos que “La voluntad es el instrumento humano que hace útil a la razón”.

Nació en Córdoba, Veracruz, el 12 de diciembre de 1923. Sus aventuras como lector comenzaron a los cinco años con “Al Polo Norte” de Emilio Salgari. Estudió en la Escuela Nacional Preparatoria y posteriormente cursó la carrera de Derecho en la UNAM; sin embargo, su verdadera pasión era la literatura, por lo que en 1968 obtuvo el grado de maestro en Letras Clásicas.

Fue un destacado traductor de clásicos grecolatinos como Virgilio, Catulo y Propercio, incluso, su versión de “La Ilíada” es considerada fundamental para el estudio de la obra. También se distinguió como un apasionado estudioso del arte del México antiguo y fue una figura clave en la creación de organismos como el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM.

Publicó 18 poemarios, entre ellos “La muerte del ángel” (1945), “Los demonios y los días” (1956) y “Calacas” (2003). Junto con Octavio Paz, Rosario Castellanos y Jaime Sabines, es uno de los grandes exponentes de la poesía mexicana del siglo XX. Mención aparte merece su vasta obra de investigación filológica, en la que destacan volúmenes como “Ovidio: arte de hacerse amar” (2000) y “Tiempo y eternidad en Virgilio” (1976).

Vicente Quirarte destaca que una de las grandes virtudes de Bonifaz Nuño fue su capacidad para combinar lo popular con lo culto:

El erudito lector de Charlie Brown que se daba tiempo para ver las aventuras de Don Gato, retratarse con Lucía Méndez y revisar, puntual y exigente, una pila de tesis de posgrado. Le fascinaba José Alfredo Jiménez”, mencionó el ensayista.

En 2008, el INBAL lo condecoró con su máxima distinción, la Medalla de Oro de Bellas Artes. A lo largo de su carrera, también recibió otros importantes galardones, como el Premio Nacional de Ciencias y Artes (1974), el Premio Universidad Nacional (1990) y el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde (2000).

Además, su paso por la universidad sigue siendo recordado y estudiado por la comunidad de la Máxima Casa de Estudios.

Fuentes: TV UNAM, Colegio Nacional y Excélsior.

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