• Jueves 21 de septiembre de 2017


La Facultad de Medicina y la Fundación UNAM

La Facultad de Medicina y la Fundación UNAM

Un texto de: Enrique Graue W.

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Mi historia está ligada a la UNAM. En ella se han formado mis abuelos, mi padre, mis hermanos y mi hijo. Me casé con una universitaria cuyos padres y abuelos fueron también universitarios. No sería lo que soy sin nuestra Universidad.

Hoy me toca estar al frente de la Facultad de Medicina. Escribir sobre ella se me antoja fácil y, si alguna dificultad encuentro, es en los límites de espacio que imponen las características de esta nota.

Permítanme exponer solo algunos datos antecedentes en relación con la Facultad de Medicina: tenemos 436 años enseñando Medicina. De nosotros dependió la salud de la Colonia y las estructuras sanitarias que de ella se derivaron. Con la Independencia reformamos la manera de enseñar y enfrentamos nuestro difícil siglo XIX sin abandonar las cátedras y nuestra obligación de formar médicos. Al nacer el siglo XX fuimos una de las cinco escuelas con las que resurgió la Universidad Nacional en 1910.

Instauramos el servicio social nacional y gracias a ello millones de mexicanos han tenido acceso a la salud. Durante muchos años de nosotros dependió la mayor parte de los médicos que el país formó y con ello contribuimos a una mejor justicia social. Del impulso de nuestros académicos surgieron las instituciones sanitarias del país que le han dado solidez a la medicina mexicana. Nos hemos sabido renovar y reproducir y por ello, sin lugar a dudas, somos reconocidos por propios y extraños como la mejor escuela de medicina del país.

Nuestros estudiantes son los mejores que el sistema nacional de educación media ha podido formar: a la Facultad ingresan estudiantes a través del pase reglamentado, únicamente si se es alumno regular y se ha obtenido un promedio mínimo de nueve. Del examen del concurso de selección, entre más de 14 mil aspirantes anuales, seleccionamos a menos de 300. Todos ellos ingresan con la ilusión de estudiar medicina y de ser los mejores. Nuestro deber es formarlos y auxiliarles en este camino.

Esto último no siempre es sencillo. A pesar de las características de esta población de nuevo ingreso, durante los primeros dos años de la carrera deserta alrededor de 20%. Las razones son variadas: los insuficientes hábitos de estudio con los que ingresan son indudablemente una explicación para una carrera que exige tiempo completo de estudio y cambios en los hábitos de comportamiento; hay quienes también creyeron que la medicina era su vocación y que legítimamente cambian de parecer; en otros casos, problemas de salud o familiares les obligan a dejar la escuela y, en no pocas ocasiones, las dificultades económicas familiares son la razón del abandono escolar.

Ser admitidos a la Facultad de Medicina es difícil y mantenerse progresando académicamente en ella lo es también. Al ingreso aplicamos a los estudiantes un examen diagnóstico, cuyos resultados nos permiten identificar a aquellos que estarían en riesgo escolar; a ellos los ubicamos de inmediato en un programa especial de tutorías. Para el efecto, los tutores acreditan un curso de capacitación a fin de que ellos mismos puedan detectar deficiencias y factores de riesgo en los estudiantes y así poder apoyarlos y acompañarlos en su trayecto ascendente. Lo mismo sucede cuando un estudiante pide ayuda; en estos casos, los tutores acreditados se enfocan en su problemática. No es infrecuente que el problema detectado esté relacionado con cierto grado de depresión. Y un estudiante deprimido es un estudiante en riesgo escolar.

La depresión entre la población estudiantil alcanza cifras que oscilan entre 10% y 15%, dependiendo el grado escolar en el que se encuentren y es, sin duda, consecuencia de muchos factores, entre ellos: el cambio en el comportamiento social que implica la transformación de bachiller a universitario; insatisfacciones relacionadas con las dificultades que entraña el estudio y las exigencias académicas; o bien problemas emocionales, personales o familiares a las que la juventud se ve expuesta; y, sin duda, la incertidumbre para enfrentar el futuro que, en esta etapa de la vida, no se ve aún con claridad.

Para contender con este problema, la Facultad de Medicina, a través de su departamento de Psiquiatría y Salud Mental, atiende y apoya a la población estudiantil que así lo requiere, tanto de alumnos de la Facultad de Medicina como de otras escuelas y facultades de nuestra universidad.

Con estas medidas pretendemos contender con los problemas estudiantiles inherentes a las dificultades académicas o de salud mental y con ello evitar, en lo posible, el abandono escolar por estas razones. Pero lo que sería imperdonable en una universidad pública, que ha sido y es motor del cambio social en nuestro país, es el no atender y tratar de mitigar las dificultades económicas que eventualmente provocan el abandono escolar.

El Estado invierte en escuelas y universidades públicas y esta inversión, aunque cuantiosa, siempre será insuficiente pues la calidad educativa exige siempre más. Afortunadamente, desde hace algunos años, el Estado comprendió que si el presupuesto destinado a educación no va aparejado de apoyos financieros en forma de becas a los estudiantes de escasos recursos, los esfuerzos económicos destinados a la educación carecerían de sentido, pues el motor para el desarrollo que es la educación, se vería frenado por la sinrazón de no poder estudiar por no poder alimentarse, comprar libros o transportarse a la escuela profesional.

Algunos datos socioeconómicos de los estudiantes de la Facultad de Medicina pueden ayudar a sustentar lo anterior: en 23% de las familias de nuestros alumnos, el ingreso familiar es menor a dos salarios mínimos; y entre dos y cuatro salarios mínimos está 40% de las familias. En la cuarta parte de los casos trabajan ambos padres; 46% de nuestros escolares tienen sólo un hermano, dos en 30% y tres o más en el resto de las familias.

Es fácil entonces entender que con ese precario ingreso familiar en donde gravitan gastos de vivienda, alimentación, salud, educación y esparcimiento, la economía familiar se vea muy angustiada en el momento que su hijo ingresa a los estudios profesionales y que resulta gravoso el poder apoyarle para que pueda cumplir con sus aspiraciones de progreso académico y social.

Por todo ello es que el Programa Nacional de Becas y Financiamiento para la educación superior (PRONABES) ha venido a aliviar parcialmente este problema. El programa se constituye con aportaciones del gobierno federal a través de la Secretaría de Educación Pública y de la Fundación UNAM, la cual, para este fin, obtiene fondos de diferentes fundaciones y donativos de egresados.

En el caso de la Facultad de Medicina estas becas se otorgan a estudiantes de familias de bajos ingresos económicos de los primeros nueve semestres de la licenciatura, ya que a partir del décimo semestre, durante el ciclo de internado y posteriormente del servicio social, la totalidad de nuestros estudiantes recibe una beca de la Secretaría de Salud para cumplir con sus necesidades de manutención durante el cumplimiento de estas actividades asistenciales.

En estos primeros nueve semestres de la carrera de Medicina están inscritos alrededor de 5 mil estudiantes. De ellos, actualmente se encuentran recibiendo este apoyo económico de 700 a 1000 pesos mensuales, mil 160 estudiantes; casi una quinta parte de nuestra población estudiantil.

Por supuesto que esta cantidad resulta insuficiente, pero ayuda a enfrentar la adversidad económica familiar. Entendiendo esto, la Fundación UNAM apoya adicionalmente a un grupo menor de alumnos (197) con una beca consistente en proporcionarles un alimento al día, en alguna cafetería de la UNAM, de lunes a viernes.

Como ningún esfuerzo es suficiente, la Facultad de Medicina y sus académicos han generado apoyos adicionales: la biblioteca ofrece préstamo de libros a domicilio, paquetes gratuitos de bibliografía básica, renta de paquetes de libros adicionales, fotocopias gratuitas a los becarios, y programas de becas específicas para el apoyo a la población estudiantil en situación de vulnerabilidad. Estos recursos se generan por las regalías de los libros de nuestros académicos y/o por donaciones específicas.

Cuando me invitaron a escribir esta nota que versara sobre la Facultad de Medicina y sus relaciones con la Fundación UNAM, lo hice con gran satisfacción sabedor de que escribo sobre la mejor escuela de medicina del país insertada en una universidad pública, laica, autónoma y gratuita. Una universidad que entiende que la educación es para todos aquellos que puedan cumplir con sus requerimientos académicos, sin distinción de nivel social, y que para el efecto ha no sólo de otorgar la mejor educación posible, encontrarse a la vanguardia en investigación y difundir la cultura que ella genera en sus distintas expresiones, sino que también se esfuerza en que sus estudiantes puedan desarrollarse en las mejores condiciones posibles.

Mucho de esto se logra gracias al apoyo de la Fundación UNAM que mucho agradecemos.

Asimismo, estas líneas están dirigidas a nuestros egresados que, desde los distintos rincones del país, se encuentran trabajando por México y quienes se han formado en nuestras aulas. Es un exhorto para que apoyen a Fundación UNAM en la consecución de los fines para los que fue creada.

Lo que hacemos por la UNAM, lo hacemos por México.

Enrique Graue W., Director de la Facultad de Medicina

 Fuente | El Universal


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