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Fundación UNAM

La otra cara de la UNAM: el Dr. Carlos Arámburo de la Hoz, Coordinador de la Investigación Científica

Afable y bien dispuesto, el Dr Arámburo nos recibió en su oficina de la Universidad Nacional Autónoma de México para compartir su historia de vida, sus comienzos como estudiante y sus logros profesionales. Anécdotas que demuestran que el esfuerzo es la base de todo éxito.

¿Por qué decidió entrar a la UNAM?

Yo entré a la UNAM como estudiante en 1972 en la Facultad de Química, donde  cursé la carrera de Químico Farmacéutico Biológico. ¿Por qué ahí? Primero que nada, mi inclinación hacia la biología y la química, fue una influencia de algunos maestros desde la educación básica; comenzaron a inquietarme las preguntas básicas que siempre nos hacemos los jóvenes: ¿cómo están hechas las cosas?, ¿de qué está hecho el Universo?, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos? Estas preguntas ontológicas estaban más cercanas a ser resueltas desde las ciencias, y no dudé en buscarlas.

Nací en una parte de la sierra del estado de Puebla, Texitlán, ahí cursé la primaria hasta el quinto grado, después me trasladé un año al internado del Colegio Williams en la Ciudad de México, luego en el Internado México en Tlalpan, después regresé a Texitlán. Lamentablemente, en esa época había muy pocas posibilidades de desarrollo en mi tierra, así que volví a la Ciudad de México, donde continué con mis estudios en el Centro Universitario México, y ahí tuve la oportunidad de aprender de maestros que realmente sembraron en mí la inquietud por las ciencias. Además, vivía con un tío que era químico y trabajaba en un laboratorio de análisis clínicos. Por las tardes, después de hacer la tarea generalmente lo acompañaba al trabajo.

Fue entonces que me llamó mucho la atención del mundo de la microbiología, por lo que se fue perfilando mi vocación. Al terminar la preparatoria a finales del 71 y principios del 72, hice mi examen de admisión en la Universidad Nacional Autónoma de México, yo veía a la UNAM como “El sitio” para cumplir con mis anhelos. Ingresé a la Facultad de Química, y se abrió para mí un universo totalmente diferente, me enfrenté a una diversidad de posibilidades que no imaginaba.

Enfrentar la carga académica de cualquier estudiante en la Facultad de Química es relativamente pesada porque es de tiempo completo y “repleto” como decimos los que estudiamos ahí. Las clases comenzaban desde las 7 de la mañana y salías a las  8 o 9 de la noche por las prácticas en laboratorios. Por lo qué, trasladé, literalmente, mi vida ahí. Entre los estudiantes de mi generación, se fue formando un ambiente de mucha solidaridad, fue muy interesante porque todos nosotros teníamos una vocación apasionada hacía la bioquímica, a la microbiología, a la parte molecular de la vida, pero sobre todo, el interés por la investigación científica.

Te cuento momentos que también fueron muy complicados para la UNAM, sufrió muchas vicisitudes, irrupciones en su labor académica, que se veían trastocadas y detenidas por movimientos sindicales y estudiantiles externos. Eso hizo que el grupo de estudiantes y compañeros a los que yo pertenecía, buscáramos alternativas para resolver esta incertidumbre al no saber cuándo se renovarían las clases.

Buscamos la posibilidad de usar el tiempo utilizando a algunos laboratorios de otras instituciones de investigación científica. Yo exploré en el Cinvestav, hablé ahí con un investigador en aquella época muy famoso, que después emigró a los Estados Unidos, me aceptó en su laboratorio y ya cuando iba a empezar, las clases en la UNAM se reanudaron, no tomé la primera opción, siempre se me quedó “ese gusanito” de la investigación.

Un cambio de rumbo

En 1975, cuando estaba cursando el sexto semestre de la carrera, logré con otros tres compañeros ingresar al Departamento de Bioquímica del Instituto Nacional de Nutrición en Tlalpan. Entonces tomábamos clases temprano y en los tiempos libres nos íbamos al laboratorio. Pronto cada quien escogió un tema de tesis, nos quedábamos hasta muy entrada la noche trabajando y compartiendo lo que aprendíamos. A los 20, 22 años te comes el mundo a puños, entonces el tiempo lo tratábamos de aprovechar al máximo, claro, sin dejar de divertirnos, de ir a fiestas, éramos jóvenes.

Empecé a hacer mi tesis en el Departamento de Bioquímica, bajo la dirección del Doctor Alberto Uberman. Durante algunos meses trabajé en cuestiones del metabolismo del hígado, después, me enfoqué más a trabajar con neuropéptidos en crustáceos: camarones, para tratar de entender la comunicación o el control de la comunicación entre el cerebro y el resto del organismo, y así coordinar sus acciones. Se trata de un modelo experimental relativamente sencillo por ser un invertebrado, en vez de meterse con la complejidad del ser humano. Con ese tema hice mi tesis de licenciatura, en la caracterización de esta neuro-hormona que se llama la hormona neuro depresora, y también ese fue mi tema para la maestría y para el doctorado.

Me inscribí en el programa de maestría en Ciencias Químicas con orientación a la bioquímica y después la seguí en el doctorado. Entonces estuve trabajando este tema desde el 76 hasta el 83, más o menos, que es cuando obtuve el doctorado.

Esa etapa de formación, la combinaba, otra vez, entre el laboratorio del Instituto de Nutrición, las clases en la Universidad y fue cuando comencé a impartir clases en la Facultad de Ciencias. Tenía un beca, en el momento en el que ingresé a la maestría obtuve una beca de la propia Universidad del programa “de la DGAPA” actual, y la complementaba con las clases que daba en la Faculta de Ciencias en Bioquímica, empecé joven como docente, era el año 79.

Durante 10 años impartí clases en la Facultad de Ciencias y también empecé a relacionarme mucho con un grupo que trabajaba en investigaciones sobre péptidos y proteínas, importantes en distintas actividades en las que estaba adscrito en el Instituto de Investigaciones Biomédicas, por lo cual me invitaron a trabajar con ellos en el momento en el que obtuve en Doctorado. Así me contrató el Instituto de Investigaciones Biomédicas, y eché a andar una línea de investigación cuyos orígenes sigo trabajando todavía, que era la caracterización de estos mensajeros proteínicos peptídicos con actividad hormonal, inicialmente siguiendo la línea que había venido trabajando durante la etapa de posgrado.

Ya no trabajaba con crustáceos sino con arácnidos, fue entonces que comencé a investigar a los alacranes. A diferencia de lo que teníamos que hacer para conseguir camarones, salir una o dos veces al año para navegar en barcos camaroneros en las costas de Mazatlán, para hacer el recorrido con los pescadores. Antes que nada, debíamos ayudarles, al término de la pesca nos tocaba a nosotros aprovechar el tiempo; lo que les interesa es el cuerpo del camarón y la cola, que es lo que se come, y lo que tiraban era la cabeza, eso era lo que nosotros como investigadores, verdaderamente buscábamos, la cabeza con los tallos oculares, en donde se encuentra una glándula neuro-emarela, la glándula sinusal que es el equivalente evolutivo a la hipófisis. Se trata de un sistema en donde se localizan las terminales nerviosas de las neuronas peptidérgicas, es decir, aquellas que producen neuropéptidos y que son los que controlan al organismo. Como ya lo he mencionado, se trata de un modelo muy simple, en comparación al de los vertebrados de orden superior, como son los mamíferos, mucho más complejo.

Al trasladarme a Biomédicas el Doctor Lourival Possani, que estaba en este grupo y el Doctor Alejandro Alagón, trabajaban con los alacranes, a los que caracteriza el veneno, seguramente han oído mucho de lo que ha ocurrido en estos años con ellos. Han desarrollado vacunas, se tiene ya el registro de la (FDA) en Estados Unidos, entonces ellos trabajaban con el “telson” que es la colita y el aguijón del alacrán y no le hacían caso a lo de adelante, es ahí donde intervengo yo con mis investigaciones de los camarones, ellos echaron mano de mis años de investigación, y comenzamos a trabajarlo juntos…

Continuará…

One thought

  1. Gran amigo y excelente persona el Dr. Carlos Aramburo de la Hoz. Fuimos compañeros en el CUM 68/71 y en la facultad de Quimica.
    Siempre fue muy estudioso y me alegra saber de sus logros profesionales. Son muy merecidos. Vaya un gran y fuerte abrazo para el.

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