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Fundación UNAM

¿Cuándo nace la vergüenza?

La vergüenza es una emoción que nos mueve a ocultar algún defecto, rasgo o acción propios que creemos que, de ser revelados, provocaría la no aceptación o rechazo de otros. Nos lleva a esconder nuestras fallas y errores y, a menudo, a caer en excesos de autocrítica, posiblemente para prevenir o minimizar el rechazo o la crítica destructiva de los demás.

Las críticas que tememos recibir y la vergüenza que sentimos activan el sistema de amenaza/protección; cuando somos descubiertos en aquello que nos produce vergüenza, el malestar llega a ser muy incómodo y doloroso moralmente.

La vergüenza se manifiesta cuando un individuo reconoce que ha quebrantado una norma social; por ejemplo, asistir a una reunión con una vestimenta inadecuada. Ante ello, se tiende a asumir comportamientos que intentan reducir la censura social sobre el sujeto (justificar su acción).

Al sentirse expuesto o descubierto, esta emoción puede generar respuestas corporales como el rubor facial, de aparición instantánea, que se propaga por el rostro, cuello y orejas de modo uniforme. Otras manifestaciones físicas son que la sangre fluye más rápido, porque se dilatan los vasos sanguíneos de nuestra piel. Eso es lo que produce el enrojecimiento del rostro cuando sentimos vergüenza. El cuerpo se contrae y, si la vergüenza es muy fuerte, incluso quisiéramos desaparecer.

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En el plano psicológico, se produce una valoración negativa de nosotros mismos o de nuestras acciones ante los demás: timidez, retraimiento, agobio, ansiedad e inseguridad.

Em su caso, la culpa es un sentimiento desagradable generado cuando la persona se percata de que ha hecho algo en contra de sus valores y, por tanto, busca la manera de enmendarlo y cambiar las acciones; así, la culpa suele tener una influencia positiva en el comportamiento. La vergüenza, por su parte, está más vinculada con ideas o conductas con efectos autodestructivos y no se enfoca hacia buscarles solución.

Cuando es excesiva, la vergüenza se asocia a una autocrítica destructiva; cuando es así, se pueden generar trastornos de ansiedad, fobia social y depresión, entre otros. Su tratamiento es complicado, porque muchas veces sus raíces están en la infancia, en las conductas vinculares. Se recomienda el tratamiento desde la perspectiva de la terapia de aceptación y compromiso, haciendo hincapié en la compasión y la autocompasión.

Fuente: Gaceta UNAM

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