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La ciencia descubre el valor real de obras de arte por sus pigmentos

El Museo Franz Mayer, junto con los institutos de Física y de Investigaciones Estéticas de la UNAM, analizaron distintas piezas de arte para revelar pigmentos ocultos con técnicas no invasivas y aparatos de última generación…

El Museo Franz Mayer, junto con los institutos de Física y de Investigaciones Estéticas de la Universidad Autónoma de México (UNAM), a través del Laboratorio Nacional de Ciencias para la Investigación y la Conservación del Patrimonio Cultural (LANCIC), analizaron distintas piezas de arte para revelar pigmentos ocultos con técnicas no invasivas y aparatos de última generación.

Fue posible revelar los relatos ocultos en los pigmentos de las obras integrantes de la muestra “Los secretos del color”, que permanecerá abierta hasta la última semana de febrero en el edificio que alguna vez fue el hospital de San Juan de Dios, ubicado frente a la Alameda Central.

Para Abraham Villavicencio García, profesor en la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM y curador en jefe del Museo Franz Mayer, sabe que nuestra capacidad de percibir colores como aquello que nos hace humanos, nos revela mucho, quizá demasiado, de nosotros mismos y nuestra cultura: desde por qué disminuimos la velocidad ante un semáforo, nos embelesamos frente a un cielo iluminado por fuegos artificiales o creemos que el verde, blanco y rojo, cuando van uno al lado del otro, significan identidad nacional.

Los colores son una vía sensible que nos vincula al mundo y les hemos adjudicado valores ideológicos, religiosos e incluso devociones, vicios y virtudes. Pero en lo tocante al arte nos dicen mucho más, pues los pigmentos usados en un cuadro nos hablan no sólo de buen o mal gusto, o de un complejo entramado de intercambios económicos y culturales, sino del espíritu de una época, por lo que los podemos usar, también, como marcadores cronológicos, comentó.

El profesor destaca que la muestra no se circunscribe a autores y técnicas artísticas, pues recorrerla, es una invitación a reflexionar sobre por qué ciertos tonos exaltan determinados sentimientos, o a descubrir cómo se estructuraban las relaciones económicas y comerciales mucho tiempo atrás.

La idea de usar la ciencia para entender mejor lo artístico no es nueva, y nos brinda la oportunidad de posarnos ante objetos que creíamos conocer de siempre para, a partir de una nueva conciencia de los colores, observarlos con nuevos ojos, como no habíamos hecho jamás.

Elsa Arroyo, profesora del Laboratorio de Diagnóstico de Obras de Arte (sede del LANCIC), fue una de las responsables de los análisis realizados a la colección del Franz Mayer. Para ella, el acercamiento entre científicos e historiadores del arte, está generando una revolución en lo que a este tipo de estudios se refiere.

A fin de analizar las piezas del museo los especialistas aplicaron, in situ, una batería de métodos que fueron del registro fotográfico a la reflectografía infrarroja (para conocer su estructura), y tomaron muestras a ocho objetos (tan pequeñas como la cabeza de un alfiler) para llevarlas al laboratorio y determinar su naturaleza físico-química.

“Las obras son tan semejantes que sospechábamos que la nuestra era una copia de la que se encuentra en Francia. Sin embargo, los análisis del LANCIC arrojaron que los cuellos de los personajes fueron coloreados con lapislázuli, un pigmento mucho más caro que el oro y que, además, era el sello de Champaigne cuando pintaba algún encargo para la realeza, comenta el profesor.

Esta revelación es notable, porque le da un sustento bastante sólido a la teoría de que la obra en resguardo del Franz Mayer es un modelli, es decir, el boceto presentado por el pintor flamenco a Luis XIV para ganar la comisión del cuadro en gran formato que hoy está en Grenoble.

“Con base en esto nos hemos replanteado lo que sabemos de dicha pintura y hoy la consideramos una de las piezas maestras de nuestro acervo, agregó.

Para la profesora del laboratorio esto es sólo un ejemplo de lo que puede lograrse cuando se aborda el arte desde una óptica científica. Comentó que el estudio de la materialidad se ha constituido, por méritos propios, como un área con un enorme potencial para aportar información cuando hay pocos datos sobre una obra, cuando no conocemos quién la pinta ni de dónde viene.

Fuente: Gaceta UNAM

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