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El Día de Muertos como una forma de aliviar el dolor de la pérdida.

  • Entender la vida y la muerte a través de una tradición.

El Día de Muertos es una celebración donde podemos darle un significado a la muerte, pero principalmente a la vida. Una tradición mexicana que ha prevalecido de generación en generación, conocida a nivel mundial.

La Universidad Nacional Autónoma de México ha buscado conservar y establecer actividades a la comunidad. Ante ello, el profesor en sociología, Héctor Rosales, se propuso establecer una tradición universitaria al colocar la primera ofrenda en el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) a finales de los años 80’s, con el objetivo de reflejar cómo a lo largo del territorio mexicano se representa el Día de Muertos.

“Basta comparar cómo se festeja esta fecha en la Huasteca con el Xantolo y sus máscaras, en la zona maya con sus mucbipollos (tamales estilo pib que emulan un entierro con todo y huesos) o en Michoacán, con sus veladoras capaces de iluminar una isla de noche, para darnos una idea de cómo en esta celebración confluyen las formas más diversas de entender la muerte y, por ende, la vida”, expresó.

El sociólogo expuso que existen muchas versiones de esta tradición en todo el territorio nacional, matices que enriquecen nuestra identidad y cultura a lo largo de los años.

“El Día de Muertos se ha mantenido como una de las celebraciones más importantes en el país porque provee a los mexicanos de una serie de asideros culturales que nos permiten navegar por escenarios que, de otra forma, nos resultarían dolorosos”, comentó.

En ese contexto, Guadalupe Medina, profesora de la Facultad de Psicología de la UNAM, comentó que el Día de Muertos es una forma de lidiar con la pérdida de un ser querido a través de rituales.

“Es acompañar a los dolientes en sus horas más oscuras y encarar el hecho de la pérdida, ya que la soledad pueden llevar al paciente a un aislamiento o a una depresión severa, y eso es algo que se puede evitar”, subrayó.

La también tanatóloga, comentó que esta tradición, es un medio que nos trae alivio, ya que al hablar de la pérdida, logramos equilibrar nuestras emociones que trae consigo el duelo por la pérdida y así tomar conciencia de nuestra realidad y nuestro presente.

“Cada ofrenda es una oportunidad de cumplirle esa última voluntad a nuestros difuntos, pues dedicarles altares es nuestra forma de traerlos a casa, de tomarlos, (simbólicamente), de la mano y de hacerles saber que no están solos porque los recordamos”, finalizó.

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