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Aketzalli González Santiago

Desde mi infancia sabía que mi sueño era estudiar en la UNAM. No tenía definido qué estudiaría; mis intereses oscilaban entre las artes y las ciencias, dos áreas que parecían opuestas. Lo único seguro era mi deseo de ser parte de la universidad más importante de México y una de las mejores del mundo. Estos deseos fueron inculcados por mi padre, quien estudió en la Facultad de Ingeniería, a la cual recuerda con cariño.

Yo sabía que estudiar en la UNAM era algo difícil por la gran demanda que tiene para ingresar. Debido a esa razón, desde la primaria, busqué prepararme para el examen de colocación y así poder entrar a la Escuela Nacional Preparatoria.

A pesar de las noches de desvelo estudiando, el plan parecía “sencillo”: primero, entraría a la Prepa 5; después, a la Facultad y ahí todos mis sueños académicos se cumplirían. Aún recuerdo la emoción de pisar por primera vez el campus universitario; yo, tan pequeña, de estatura baja, de raíces indígenas, de un pueblo rural del sur de la ciudad, ahí estaba, frente a una de las bibliotecas más hermosas que había visto.

Realicé el plan tal cual, aunque el camino no fue como yo pensaba. Estudiar en la Facultad de Ciencias fue una travesía muy dura; no fui buena estudiante, o al menos así me recuerdo. A veces, llegué a pensar que no lograría titularme, pero por la necedad de darle un título a mis padres y ver cumplidos esos sueños de la niña ingenua, cumplí el cometido. Siempre lo he dicho, estudiar en la UNAM fue un antes y un después en mi vida porque en la Universidad conocí a la gente que me ha acompañado y ahí pasé los mejores momentos de mi vida, sí, incluidos los de tristeza y desesperación.

Cuando me sentía triste, abrumada o perdida, visitaba las salas de cine del Centro Cultural Universitario o los cursos en la Filmoteca de la UNAM. Disfrutaba recorrer el campus universitario, sus bibliotecas, sus cafeterías y cada facultad con su cartelera cultural. Conocí casi todos los rincones del campus, porque la UNAM no sólo me brindó conocimiento científico, sino experiencias, arte y oportunidades. Cuando dejé de ser estudiante fue doloroso, pero la Fundación UNAM, con su oferta y cartelera, me mantuvo atenta de mi segundo hogar. Además, tenía mi credencial de exalumno que me permitía aún disfrutar de los eventos culturales.

Hace tres años, volví al lugar donde siempre fui feliz, como estudiante de maestría en el programa de MADEMS, y sentí esa emoción por ser, nuevamente, universitaria.

El camino ha sido diferente; soy más consciente de mis capacidades y de la valiosa oportunidad que representa ser parte de la UNAM. Gracias a mis tutoras y a mis profesores, he podido desarrollar una investigación en el área de la innovación educativa con enfoque de género, por lo que fui galardonada con la Medalla Hermilda Galindo.

Agradezco a la Universidad por brindarme más de una oportunidad para crecer como estudiante, investigadora y persona. A los futuros universitarios, los invito no sólo a aprovechar las oportunidades de su facultad, sino también a conocer todo el universo de arte, ciencias, conferencias y recintos que nos da nuestra Casa de Estudios y a que se acerquen a Fundación UNAM, quien les brindará ese acompañamiento para lograr sus metas.

Profesora en la Facultad de Ingeniería, comunicadora de la ciencia y ganadora de la Medalla

Fuente: https://www.eluniversal.com.mx/

Hermilda Galindo 2021

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