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Irasema Alcántara Ayala

Forjando mi identidad auriazul

Íncipit

Julieta Fierro y Manuel Peimbert son los nombres de los primeros científicos de la UNAM a quienes conocí (de lejos) y empecé a admirar gracias a las charlas de divulgación que daban los sábados en el esplendoroso Palacio de Minería de la UNAM. Esto ocurrió a principios de los ochenta, en la época de la música disco, cuando iba en la secundaria y patinar sobre ruedas era parte de mi ser.

Campus central de Ciudad Universitaria. Inicia la magia

Imposible olvidar los momentos en que inició mi conexión con la UNAM. Aun antes de gozar la alegría y el saber de sus aulas, disfruté de la más cálida bienvenida que cualquier universitario pudiera soñar al admirar los murales de la Biblioteca Central. En ellos, Juan O’Gorman plasmó miradas, pensamientos y deseos que quedaron impregnados en cada uno de los coloridos fragmentos minerales y cuyas nociones histórico-culturales están ubicadas en los cuatro puntos cardinales. ¿Qué mejor bienvenida que la que te da el respirar el encanto de nuestro campus central?

A finales del siglo pasado, acompañé a un amigo a realizar trámites en las ventanillas adyacentes a la Torre de Rectoría. Nuestra travesía inició en una dirección este-oeste a través de “Las Islas” y fue flanqueada de un trayecto marcado por los monumentales murales que caracterizan el campus central, no en vano ahora reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Mi segundo contacto, también inolvidable, se remonta a un partido de Pumas vs. Chivas. Soy una mujer apasionada y el fútbol es indiscutiblemente uno de los espacios donde se desbordan emociones como la alegría y el desencanto. Aunado al sabor del fútbol, el disfrutar un estadio tan majestuoso, como el Estadio Olímpico Universitario, multiplica exponencialmente esa pasión y orgullo.

El 19 de septiembre de 1985, tomaba clase de literatura en el Centro de Bachillerato Pedagógico No. 1, para la Escuela Nacional de Maestros, donde me encontraba estudiando para ser maestra de primaria, como mi madre. No obstante, me fascinaban las ciencias de la tierra, observar y entender los volcanes, así como los distintos procesos de la superficie terrestre. Las 7:19 horas de ese día marcaron la ruta de mi formación profesional. Estaba por cumplir quince años y la experiencia del sismo cambió mi visión de la vida. Hice voluntariado en la Delegación Cuauhtémoc, repartiendo colchonetas y comida. Fue duro escuchar el sollozo y ver las lágrimas de quienes habían perdido mucho o todo.

El episodio del desastre del sismo intensificó mi atracción por entender los procesos de la superficie terrestre. Después de analizar las carreras de Geografía, Geología y Geofísica, mi interés por las asignaturas de Geomorfología inclinó la balanza hacia la Geografía. Así, la brújula del destino me llevó a estudiar la licenciatura en Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras, recinto universitario en el que me deleité con la sabiduría de los grandes maestros e intelectuales de la época.

Disfruté intensamente de mi Facultad y vivía prácticamente en la Universidad, ya que tomaba asignaturas tanto en la mañana como en la tarde, siguiendo las clases de los profesores que consideraba más adecuados para mi formación. También aproveché la Facultad de Ingeniería; ahí tomé materias muy interesantes como Sedimentología, Paleontología y, por supuesto, la tradicional Geología. Fue muy divertido compartir aprendizajes y salidas de campo con los ingenieros en formación.

Cuando concluí mis estudios de licenciatura, la Universidad, a través de la Dirección General del Personal Académico (DGAPA), me brindó la posibilidad de estudiar el doctorado en la Universidad de Londres gracias a una beca. Fue fascinante realizar el doctorado en una institución prestigiosa, multicultural y con la tradición de haber ofrecido un grado educativo a las mujeres desde el año 1878. Posteriormente realicé una estancia postdoctoral en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Boston, EUA. Fue durante este periodo en el que mis estudios se orientaron al riesgo y la prevención de desastres. Ello me llevó a realizar una especialización en Ginebra, Suiza, en Evaluación y Manejo de Riesgos Geológicos.

En el año 2000 me incorporé al Instituto de Geografía de la UNAM como investigadora asociada. Mis líneas de investigación, desde ese entonces, han estado enfocadas en los procesos de remoción en masa (comúnmente conocidos como deslizamientos de tierra), prevención de desastres y, en años recientes, en la investigación forense de desastres, la investigación integrada del riesgo de desastres y la gestión integral del riesgo de desastres.

También, como directora del Instituto de Geografía, disfruté intensamente la magia de mi Alma Mater. Durante el Centenario de la Universidad en el 2010, tuve el privilegio de dictar, en nombre de los consejeros directores, un discurso a los universitarios congregados en el Anfiteatro Simón Bolívar de San Ildefonso y a toda la comunidad. En aquel entonces expresé que “la UNAM es fuente de credibilidad y cuna de principios y valores; sin duda, es el alma de la nación”. También subrayé el papel innegable de nuestra querida Universidad para todos como madre, mecenas, sueño y despertar.

De 2008 a 2012 tuve la fortuna de ser integrante del Consejo Técnico Deportivo del Club Universidad Nacional, A. C. Ello me permitió disfrutar intensamente la pasión y alegría de dos campeonatos: en 2009, de la mano de Ricardo “el Tuca” Ferretti, con un marcador global de 3-2; después de tiempos extras atrapamos la sexta estrella de Pumas en el Estadio Hidalgo. Dos años más tarde, en 2011, y gracias al timón incansable de Memo Vázquez, la séptima estrella se grababa en nuestro corazón. Nuevamente con un marcador global de 3-2 contra el Morelia, en el Olímpico Universitario, el sueño se volvía realidad.

Gracias a la Universidad he podido coincidir con los científicos que admiraba como estudiante, así como con muchos de los que, en varias épocas, también han inspirado la paleta auriazul de mi profesión.

En diversos momentos de mi desarrollo profesional he gozado de las actividades de Fundación UNAM. De manera adicional a las labores conjuntas con el Instituto de Geografía, recuerdo haber compartido el “escenario académico” en 2015 con uno de nuestros universitarios galardonados con el Premio Nobel, Mario Molina, durante el Foro 20•20 sobre el cambio climático. También, con Fundación UNAM, he tenido el privilegio de ser integrante del jurado del Programa de Becas de Excelencia Académica Lomnitz-Castaños.

Fundación UNAM nació a inicios de 1993, el mismo año en que obtuve mi título como licenciada en Geografía. Su labor en beneficio de miles de alumnos para que estudien en México o en el extranjero, así como la promoción de brigadas de salud en comunidades vulnerables, la difusión de la cultura y sus espacios de reflexión son fundamentales para el fortalecimiento de nuestra sociedad.

Por ello, el crecimiento de Fundación UNAM, a partir del establecimiento de nuevos capítulos en todas las coordenadas de la geografía nacional, garantizará que, en un futuro no muy lejano, una comunidad aún más grande pueda complacerse cotidianamente no sólo de sus beneficios inmediatos, sino también de proyectos y sueños.

Súmate, dona y multiplica.

Fundación UNAM, donde tus sueños se hacen realidad.

¡Cómo no te voy a querer!

Profesora e investigadora en el Instituto de Geografía de la UNAM

Twitter: @Irasema_UNAM

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