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Jesús Octavio Martínez Reding García

Mi primer contacto con la UNAM fue cuando cursaba la educación primaria. Mi papá, el doctor Carlos Martínez Reding, y su amigo, el doctor Arturo Beltrán, nos llevaban a mí y a uno de mis hermanos a los partidos de futbol americano en Ciudad Universitaria. El estadio me parecía impresionante y era emocionante la rivalidad, pero también la amistad que se tenía con el IPN. No olvido cuando ganábamos y se prendían las antorchas de nuestro lado; y tampoco cuando perdíamos y se prendían enfrente. A esa edad fue creciendo mi deseo de pertenecer algún día a esta indescriptible institución.

En 1968 tuve la fortuna de poder ingresar a la Preparatoria 6 Antonio Caso, de Coyoacán, y no podía creer lo que estaba viviendo: un plantel de excelencia con salones de clases amplios, pupitres de primera, campo de futbol, alberca con estancias de clavado, estadio para baloncesto y voleibol, excelentes maestros; además, me impactó que había salones con talleres de idiomas en salas especiales, doce o más cubículos personales con comunicación con el profesor por medio de micrófono y bocinas, en forma individual o en grupo. Al terminar la preparatoria entré a la Facultad de Medicina de la UNAM, donde percibí que no había ingresado únicamente a la Facultad de Medicina, sino que había ingresado a la familia UNAM, pues ya tenía de todo: profesión, cultura y deporte.

Mis años en la Facultad de Medicina fueron excepcionales, aunque desgraciadamente sólo dos de ellos los pasé ahí, pues el resto de la carrera la hice en hospitales, igual que mis compañeros. En los años siguientes pude ser profesor de Medicina en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales (ENEP) Zaragoza y tuve la gran experiencia de llevar a los alumnos a una clínica que tenía la UNAM en Ciudad Nezahualcóyotl, donde podían ver cómo interrogábamos y explorábamos, otros dos profesores y yo, a pacientes reales; posteriormente nos reuníamos en un aula de la propia clínica y se abría una sesión de preguntas y comentarios con los alumnos. Esos años siguieron reforzando la certeza que tenía: la UNAM es una de las mejores universidades de nuestro país y del mundo, podría decir la mejor, como adelante expongo.

He disfrutado mi Universidad en muchas formas, simplemente acudir a ese estadio que conocí desde niño y me sigue impresionando. Regreso un poco a los años en que me llevaba mi papá a los partidos de americano y vi al Puma y al Burro Blanco antes del partido. Me enorgullece mi UNAM por todas las carreras que tiene; es impresionante, pocas universidades en el mundo las tienen. Recomiendo ingresar a la página de la UNAM.

La historia de nuestra Universidad es extraordinaria, la Biblioteca guarda documentos de antes de la Conquista y de periodos posteriores perfectamente protegidos. Toda la fachada está conformada por miles de piedras de colores reunidas de todos los estados del país, por eso no se requiere pintar para darle mantenimiento. El espacio cultural con sus salas de conciertos y exposiciones es un orgullo. Nuestra Orquesta Filarmónica ha dado conciertos con los mejores directores del mundo en la excelente Sala Nezahualcóyotl.

La formación académica y motivación que recibí en mi Universidad me permitieron continuar avanzando en mi carrera como médico, y así fue como pude hacer las especialidades en Medicina Interna, Cardiología y Ecocardiografía; y, también, llegar a ser jefe de servicio en el Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez (INCICH), presidente del Consejo Mexicano de Cardiología, miembro honorario de la Sociedad Mexicana de Cardiología y miembro de la Academia Nacional de Medicina de México. Actualmente me encuentro al frente de la Clínica de Valvulopatías en la Consulta Externa del INCICH. Desde hace diez años soy profesor titular de pregrado del curso Cardiología de la UNAM.

La UNAM, además de ser una de las mejores universidades de nuestro país, con el mejor abanico de profesiones, cultura y deporte, se preocupa por los alumnos que, por bajos recursos económicos, tienen mal rendimiento escolar o desertan, así como por aquellos que, aun con buen rendimiento escolar, desertan. El 8 de enero de 1993 se constituyó la Fundación UNAM, asociación civil de carácter autónomo y sin fines de lucro que continúa ofreciendo becas de manutención y apoyo. La FUNAM lleva treinta años apoyando a nuestros alumnos, y este apoyo, si se analiza detenidamente, no sólo beneficia al alumno, sino también a su familia y, al final, a nuestro país.

Para mí es un orgullo ser UNAM.

Responsable de la Clínica de Valvulopatías del Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez y miembro de la Academia Nacional de Medicina de México

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