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Fundación UNAM

Luis Donis Maturano

El atreverse sigue siendo la mejor forma de alcanzar el éxito

Soy originario de un pueblo llamado Santa María Cuevas, en el Estado de México, los valores de mi familia, así como los de mi comunidad, fueron el motor para ir desarrollando parte de mi vida académica. Recuerdo que, en mi infancia, deseaba ser todo a la vez, aunque siempre se imponían sobre mi pensamiento el ser astronauta, sacerdote, ingeniero petroquímico o mecánico, con las excepciones que a todos nos surgen en esos instantes. A los 13 años visité por primera vez un laboratorio clínico, a donde mi tío Raúl me llevó con uno de sus maestros. No dejo de pensar que aquella imagen de niño/adolescente me dejaría marcado toda la vida. Entrar y ver aquellas mesas con mecheros encendidos, vasos de precipitados, probetas, pipetas y demás instrumental químico despertó en mí algo que me es difícil explicar pero que me hacía sentir asombrado. Para culminar esa atracción en el área, recuerdo que un químico me mostró por primera vez una caja de petri con bacterias vivas y que además me explicó detalladamente cómo eran, qué provocaban y cómo se veían en un microscopio. Quién se podía imaginar que aquel momento, además de marcar mi vida académica, era un privilegio que sólo se tiene en la universidad o especialidad. Desde entonces sabía que quería ser como aquel QFB llamado Misael.

No sabía que aquel químico era egresado de la Facultad de Química de la UNAM y que mi tío era también un QFB, pero egresado de la FES Cuautitlán, y que ambos se habían interesado por la inmunología y microorganismos. Cuando llegué al bachillerato comenzaba a entender ese maravilloso universo de la química y la biología, aunque el temor, como todo ser humano, de realmente tener la vocación y talento para ingresar a la UNAM en esa extraordinaria carrera de “Químico Farmacéutico Biólogo” en la FES Cuautitlán. Hasta que un día leí una dedicatoria de aquella tesis de licenciatura de mi tío donde decía: “El atreverse sigue siendo la mejor forma de alcanzar el éxito” y que fue la frase que me dijo por última vez antes de partir. Desconocía en ese momento que la Universidad no hacia excepciones, si venías de un CCH, preparatoria o de una institución no incorporada a la UNAM. Durante la carrera no dejaba de pensar que en todo cuanto existe, la química está presente y que la biología le da la elegancia de conjugar esos elementos y formar vida, que tal vez aquel anillo o reloj eran producto de alguno de los elementos presentes en el origen del universo y que a nivel microscópico es el reflejo también de la complejidad de lo que existe en órdenes macroscópicos.

Quizá a un estudiante proveniente de un pequeño pueblo le resultaría difícil mantenerse para terminar la carrera, pero gracias a Fundación UNAM obtuve una beca que sirvió para pagar parte de mis gastos. Resalto además sus distintos programas de apoyo a los estudiantes, profesores y a la ciencia en nuestro país. No tenía idea de lo que aquella carrera me daría. Una vasta cantidad de opciones para seguir especializándome. La que más me atrajo fue continuar con un postgrado que me llevó a conocer a aquellos premios Nobel o trabajar con científicos de ese nivel que en su momento habían dado un giro en la biología. Así logré estar en dos institutos de gran renombre científico en el extranjero dentro del área de la Inmunología, como el MD Anderson y el Baylor Institute for Immunological Research, y pude ir adquiriendo más conocimientos y también formados recursos humanos como gesto de retribución a lo que mi país siempre me ha brindado dentro de la educación pública. Todo esto, por supuesto, a través de mi mentor y maestro, el Dr. Leopoldo Flores-Romo, quien no sólo me enseñaría lo maravilloso que es la buena ciencia, sino también muchos valores humanos.

Por si fuera poco, la UNAM nuevamente me abriría sus puertas, pero ahora como profesor de la FES Iztacala. En voz de los amigos pareciera que “los astros se alinearon” para saber que a cualquiera que se atreva a buscar el éxito no sólo a nivel profesional sino humanístico, la UNAM siempre le abrirá las puertas, donde los límites serán sólo los que uno se impone.

Unidad de Investigación en Biomedicina de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala – UNAM

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