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Sarai Eunice Rodríguez

La UNAM fue mi hogar cuando estuve lejos de casa

Mi historia en la UNAM comenzó a los 14 años, cuando ingresé al Colegio de Ciencias y Humanidades plantel Naucalpan. Desde entonces, noté la diversidad que puede encontrarse en un espacio relativamente pequeño: la comunidad que se forma en cada uno de los planteles es todo un mundo por descubrir. El CCH-N me acompañó en el proceso de descubrirme como persona, desde las clases de Filosofía con preguntas que movieron mi existencia, hasta las clases de Ciencia con laboratorios e instrumentos disponibles para realizar casi cualquier investigación.

En el ámbito académico, siempre me pareció maravillosa la oportunidad de estar en contacto con profesores tan preparados y dispuestos a compartir sus conocimientos y experiencias. En el ámbito social, no deja de sorprenderme la diversidad de pensamientos, capacidades y amistades que confluyen en el mismo espacio.

Mi trayectoria con la Universidad continuó en otro estado de la República; así reconocí que la UNAM rompe fronteras geográficas y lleva la educación a todos los rincones del país e, incluso, a otros lugares del mundo. Aunque es maravillosa la Ciudad Universitaria y ofrece un sinfín de actividades y oportunidades, las bondades de la UNAM no sólo se concentran ahí. Estudié en la Escuela Nacional de Estudios Superiores Unidad Morelia la licenciatura en Ciencias Ambientales, la cual alberga investigadores de ciencias naturales y sociales que, juntos, buscan indagar y proponer soluciones a los problemas ambientales.

Al llegar a un nuevo estado, la Universidad se convirtió en mi hogar, un espacio seguro para realizar mis actividades académicas. Mis compañeras de equipo se convirtieron en mis amigas y mi familia, a quienes podía y puedo aún recurrir cuando la vida se pone difícil.

Recuerdo con cariño las prácticas de campo que me mostraron un panorama completamente diferente del uso de los recursos naturales. La dicha de conocer comunidades y aprender de ellas ha sido de las experiencias que más marcaron mi carrera profesional. Comprender que las soluciones deben ser transdisciplinarias y específicas a cada contexto abrió un abanico infinito de posibilidades.

Dentro de estas posibilidades, llegué a hacer una estancia académica en el Instituto de Ingeniería en la Unidad Académica Juriquilla. Nuevamente, esta institución me acogió y se volvió parte de mi cotidianidad. En este espacio conocí a René Cardeña, mi co-tutor de tesis y gran amigo, quien me mostró el camino de la investigación desde una perspectiva diferente.

Los problemas en torno al agua son un reto enorme, pero pasos pequeños coordinados llegan a grandes soluciones. Uno de esos pasos fue mi tesis de licenciatura, la cual recientemente fue galardonada con el tercer lugar del Premio Rotoplas, primera edición. Estos incentivos ofertados por la Fundación UNAM son una parte fundamental para el desarrollo profesional y académico de los universitarios.

Las oportunidades que me ha brindado la UNAM son innumerables: me permitió no sólo formarme académicamente con los mejores investigadores, sino tambien conocerme mejor, conocer a mis amigas y a mi compañero de vida, Jacobo, a quién conocí desde el bachillerato y me ha acompañado en cada una de las aventuras de mi trayectoria.

En definitiva, aun siendo egresada de la UNAM, esta institución no saldrá de mí, de mis aprendizajes y del bagaje que me ofreció. Hoy sé que mi historia con la UNAM no ha terminado, sólo está en pausa.

Ganadora del 3.er lugar de licenciatura del Premio Rotoplas-FUNAM 2021, 1.a edición

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