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Fundación UNAM

Extirpación de apéndice, podría dotar de protección contra el Parkinson

Gregorio Rafael Benítez Peralta, académico de la Facultad de Medicina dijo que estudios recientes sugieren que la extirpación del apéndice podría dotar de cierta protección frente al Parkinson.

Explicó que la clave podría estar en una proteína llamada alfa-sinucleína, que es una característica patológica del Parkinson y estrechamente relacionada con su inicio y progresión.

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“La investigación sugiere que el apéndice contiene una gran cantidad de esta proteína”. Por tal motivo, se ha planteado que extirparlo podría prevenir la enfermedad.

Sin embargo hay estudios en donde se recomienda no extirpar el apéndice en forma profiláctica, pues no previene ese mal, sólo retardaría su presencia. Y que la alfa-sinucleína forma los cuerpos de Lewy en el Parkinson y en la demencia.

Apendicitis es la inflamación de esa porción del intestino por diferentes orígenes, infección por bacterias, acumulación de heces, parásitos, torsión del apéndice e incluso tumores.

Se clasifica en etapas de acuerdo con su evolución: catarral, cuando se obstruye; flegmonosa cuando tiene una inflamación leve, y úlcero-flegmonosa, cuando está supurado, gangrenoso o perforado. Las bacterias más comúnmente encontradas son Escherichia coli, Steptococcus viridans y bacteroides.

Uno de cada 15 a 20 mexicanos presentará apendicitis aguda en algún momento de su vida.

El apéndice es una porción del intestino grueso localizado cerca de la terminación del intestino delgado y comienza el intestino grueso llamado ciego, que es el fondo de una bolsa cerrada. Se trata de una prolongación del colón ascendente donde se inician las fibras musculares longitudinales.

Mide de ocho a 12 centímetros y recibe su nombre por ser una especie de colgajo del intestino que cuelga como péndulo: appendix vermiformis, que tiene forma de vermis o gusano o tornillo. Tiene entrada pero no salida.

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El ciego contiene muchos ganglios linfáticos y, por lo tanto, también se conoce como amígdalas intestinales. De hecho, tiene una entrada, pero no una salida, por lo tanto, acumula fácilmente partículas de alimentos, lo que puede causar una inflamación.

Desde la antigüedad su función representó un misterio. No obstante, estudios recientes señalan que quizás desempeña un papel tanto en el sistema digestivo como en el inmunitario al actuar como un depósito de bacterias valiosas, que se alistan cuando el tracto intestinal pierde su función. Es una flora intestinal beneficiosa.

La clave podría estar en una proteína llamada alfa-sinucleína, que es una característica patológica y estrechamente relacionada con el inicio y progresión de la enfermedad.

Fuente: UNAM Global 

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