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Horror a la mexicana

En México existió una muñeca diabólica, que con paupérrimos recursos técnicos y argumentales se convirtió en leyenda antes que Annabelle o Chucky. Los cinéfilos mexicanos recuerdan, sin mucho espanto, pero con humor, sus ojos inexpresivos cuando intentaba matar a Pedrito Fernández y a Tatiana en Vacaciones de Terror (René Cardona, 1988). La película es una curiosidad más del horror mexicano, género que para el crítico Rafael Aviña es “como un pelo en la sopa” de la historia del cine mexicano.

Con resultados variopintos, el horror mexicano tiene una larga trayectoria en la que ha pasado por todo: desde replicar de forma hilarante a su par estadounidense hasta búsquedas más complejas e interesantes.

De acuerdo con la doctora en Historia del Arte y académica de la UNAM, Lucía Acosta Ugalde en su Breve semblanza del cine de terror mexicano, en nuestro país este género nació en 1933 con La Llorona de Ramón Peón; le siguieron cintas como Dos monjes (1934) y El misterio del rostro pálido (1935), ambas de Juan Bustillo Oro. Todas ellas con una marcada influencia estética del expresionismo alemán.

En 1957 Germán Robles se convirtió en el eterno rey de los vampiros mexicanos al protagonizar El vampiro de Fernando Méndez y posteriormente, con el mismo director, El Ataúd del Vampiro (1958). François Truffaut afirma que estos films son “logrados ejemplos del cine de horror que abordan el mito del conde Drácula, sobre todo por la solvencia técnica y la efectiva adaptación de la historia al medio rural mexicano.”

Rafael Aviña explica la popularidad de Robles como vampiro: “hacía películas de bajo presupuesto pero con personajes que se quedaban en el inconsciente colectivo popular”.

Espántame panteón

¿Por qué a los mexicanos nos gusta tanto el horror? Según Angélica Gallón del diario El País, para 2016 México era el primer consumidor de este tipo de películas en el mundo, seguido por Corea del Sur, Rusia y Estados Unidos. Esto de acuerdo con un estudio realizado por Stephen Follows, films data and education.

Hugo Sánchez Castillo, profesor de la Facultad de Psicología explica nuestro gusto por el espanto: “Básicamente, porque es una sensación que no vivimos nosotros, es decir podemos tener una proyección en cuanto a la historia de terror, pero sabemos que no es real, aunque tengamos la sensación fisiológicamente (piel erizada, corazón acelerado, etc.). De esta forma, nos identificamos con la historia y nos preparamos para situaciones similares sin que necesariamente las vivamos.”

“Santo llamando a Demon…”

En los años cincuenta nuestra cinematografía inició una profunda crisis. el cine de luchadores y las sexycomedias se convirtieron en uno de los principales soportes de una industria que había dicho adiós a su mejor época. Personajes como El Santo y Blue Demon emergieron como los protagonistas del terror y la ciencia ficción nacionales.

El género mostró su mejor faceta con la pluma de Carlos Enrique Taboada, quien entregó piezas de culto como El libro de piedra (1969), Hasta el viento tiene miedo (1968), Más negro que la noche (1975) y Veneno para las hadas (1984), obras en las que el terror puede emerger tanto de lo sobrenatural (la brujería), como de lo humano (un feminicidio). En años recientes se han hecho distintos remakes de los films de Taboada sin superar a los originales.

Vuelven los vampiros y Macario

El terror mexicano tuvo un breve pero afortunado paso por la televisión con la serie La Hora Marcada, producción de Carmen Armendariz en Televisa (de 1988 a 1990), en la que participó gente como Alfonso Cuarón, Emmanuel Lubezki y Guillermo del Toro. De la mano de éste último regresarían los vampiros (Cronos, 1990) dejando atrás los viejos estereotipos de estos personajes.

En el nuevo siglo, en 2007, se estrenó con gran éxito Kilómetro 31 de Rigoberto Castañeda.

El género tiene una importante renovación con Huesera (2022), opera prima de Michelle Garza Cervera que cuestiona mitos femeninos como el de la maternidad. Aquí el terror proviene de la propia condición humana. Al respecto la realizadora opina: “Me parece que el horror y la fantasía son muy generosos, te permite enfocar situaciones de la cotidianidad que en la vida diaria no nos detenemos a observar.”

El cine de horror forma parte de la historia de nuestra cinematografía, la Filmoteca de la UNAM conserva un amplio acervo documental sobre éste y otros géneros (más de 50 mil títulos). Ahora nos brinda la oportunidad de ver en pantalla grande el clásico de Roberto Gavaldón, Macario, que se presentará con una versión  restaurada del 3 al 5 de noviembre en las salas Julio Bracho y José Revueltas del Centro Cultural Universitario ¡La entrada es libre!.  

Fuentes:

blogs.acatlan.unam.mx/cineadictos/2021/02/17/breve-semblanza-del-cine-de-terror-mexicano/

https://www.filmoteca.unam.mx/galeria-virtual-acervo-grafico-del-centro-de-documentacion/horror-y-ciencia-ficcion-a-la-mexicana/

https://elpais.com/mexico/2022-08-26/que-dice-de-mexico-que-sea-el-primer-pais-del-mundo-que-mas-cine-de-terror-consume.html

Zoom F7, El horror del cine mexicano, en:  https://www.youtube.com/watch?v=R4Y4__WfzgI

https://www.imcine.gob.mx/Pagina/Noticia/huesera–de-michelle-garza-cervera–y-el-terror–de-la-maternidad

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