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Fundación UNAM

Maternidad subrogada y los retos jurídicos que enfrenta en México

Muchas mujeres por diversos padecimientos congénitos o problemas físicos, así como parejas homosexuales, recurren a la maternidad subrogada; en México, esta práctica se realiza desde el siglo pasado.

Para que haya un embarazo se necesita un óvulo, y dependiendo de quién lo aporte, será el tipo de maternidad subrogada. El óvulo puede ser de la misma solicitante o, en el caso de una mujer infértil o parejas homosexuales masculinas, de otra mujer. Es fecundado con el esperma de la pareja de la solicitante o de un tercero anónimo, y se implanta en la mujer elegida como gestante. Otra posibilidad es que la gestante también aporte el óvulo; así, se le extrae, se fecunda y se le reimplanta para que se desarrolle el embarazo.

En relación con las motivaciones o razones para que una mujer acepte llevar en su vientre al hijo de otra o de una pareja homosexual masculina, hay dos clases de maternidad subrogada: la gratuita y la onerosa. En la primera, la gestante acepta hacer el servicio sin recibir un pago de por medio, es decir, por amistad o parentesco con los solicitantes; en la segunda recibe de éstos una contraprestación por embarazarse y entregar al bebé cuando nazca.

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 “Es muy común que en casos de maternidad subrogada onerosa se diga que es gratuita y se encubra el pago con el argumento de que sólo se entregará una determinada cantidad serán sus deberes y derechos y, particularmente, cuál será la situación jurídica del bebé que nazca. Que no haya una legislación para la maternidad subrogada deja en una posición muy vulnerable a los solicitantes y la gestante, dijo Ingrid Brena Sesma, del Instituto de Investigaciones Jurídicas.

A los primeros, porque no tienen la certeza de que la gestante les entregará al bebé o de que no les exigirá una suma de dinero más alta de la acordada. A la gestante, porque no tiene la certeza de que los solicitantes le pagarán lo prometido; además, podría presentarse alguna contingencia, como una enfermedad gestacional grave la cual le impidiera trabajar durante el embarazo o el puerperio.

La Ley General de Salud no prohíbe ni permite expresamente la técnica de maternidad subrogada, de modo que no hay ningún impedimento administrativo para ponerla en práctica si se siguen los lineamientos correctos.

El verdadero problema es jurídico y consiste en determinar qué tipo de relación hay entre los solicitantes y la gestante.

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En México, sólo Tabasco y Sinaloa han emitido leyes sobre la maternidad subrogada, pero, en opinión de Brena Sesma, tienen deficiencias que deberían subsanarse.

En cuanto a Ciudad de México, el 30 de noviembre de 2010, el pleno de la Asamblea Legislativa del entonces Distrito Federal aprobó la Ley de Gestación Subrogada y ese mismo día la envió al jefe de Gobierno para su promulgación y publicación, pero éste no la publicó y dicha ley quedó en el limbo.

El verdadero reto es jurídico: fijar los derechos y responsabilidades de los participantes en el proceso, y establecer los lazos de filiación del bebé que nazca con los solicitantes, pues de ellos surge una serie de derechos a su favor.

Una regulación de la maternidad subrogada deberá establecer que la gestante acepte voluntariamente su participación en el proceso, pero de manera informada. A esto se le llama consentimiento informado.

Fuente: Gaceta UNAM 

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