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Fundación UNAM

El erotismo y las buenas costumbres

¿Sigue siendo el erotismo una trasgresión al “deber ser” y a “las buenas costumbres”? Sylvia Covián Villar escribe su visión.

La terapeuta sexual afirma que lo sagrado y lo profano varían de una comunidad a otra en función de la idea que éstas tengan de la existencia humana y de todo lo que la rodea, es decir, de su cosmos. Los tabús se establecen a partir de qué tanto una cultura le tiene miedo al caos y qué tanto y en función de qué valora su cosmos.

En los grupos humanos la importancia de normar la sexualidad es y ha sido una piedra angular. De acuerdo con el tipo de comunidad o Estado, se establecen reglas para controlar no sólo la fuerza del erotismo y sus diversas expresiones, sino también para moldear las maneras de ser de hombres y mujeres.

Se impone cómo debe ser el comportamiento en cada situación; con quién, cómo y a qué edad deben casarse; cuál debe ser su relación con el propio cuerpo, con su sensibilidad, con su excitabilidad y con su deseo.

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Cómo debe ser su acceso a experiencias eróticas individuales como la masturbación, la primera relación sexual, el cortejo, los tipos de relación de pareja que son adecuados y los que son tabú. Se validan modelos deseables para los sexos y cualquier desviación al respecto conlleva castigos sociales, emocionales, familiares, legales.

Para normar la sexualidad en las personas, los tabús han desempeñado un papel importantísimo, en unos casos sembrando fuertes represiones, especialmente en pueblos bajo normas religiosas.

En la civilización occidental hemos heredado numerosos tabús basados en creencias judeocristianas y en supuestos culturales derivados de mitos que han coartado gravemente el acceso a nuestros más legítimos deseos emocionales y sexuales.

Como consecuencia han surgido enormes problemas en la experiencia no sólo de nuestra vivencia erótica, sino también en el saber acerca de nosotros mismos.

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La culpa y la vergüenza por lo que se es y se siente genera una lucha interna sin tregua. Cada persona suele crear una imagen de sí misma para defenderse de ser vista y descubierta en su angustia. Se establece en nosotros una conciencia moral severa, donde los tabús y la autocensura son la regla.

Por fortuna, en las últimas seis o siete décadas la divulgación de temas sexuales y de salud sexual ha contribuido a derribar tabús y a transgredir límites en la búsqueda de recuperar aquello por tanto tiempo perdido: el poder personal sobre sí mismo y la ansiada libertad de ser, lo cual no puede llevarse a cabo si el erotismo está cargado de barreras y demandas de control.

Muchos grupos humanos “no civilizados” han comprendido el erotismo como una experiencia sagrada, como expresión de lo “divino” en nosotros. Los tabús que han establecido procuran mantener la experiencia erótica en la mayor intimidad, “poner aparte”, pues es considerada como un acto único cada vez que surge.

La experiencia sagrada del erotismo puede estar presente en cualquier acto erótico y eso sólo depende de la experiencia interior de cada persona. No requiere de la bendición de nadie, ni de la legalización de la relación con otro, ni de jurarse amor eterno, ni de otro permiso que el de los seres involucrados. Lo sagrado está en todo el universo, y por ello en nosotros, aunque no lo veamos.

Fuente: Cultura UNAM 

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