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Fundación UNAM

¡Hombres Civilizados!

Una chica con la que solía salir se enojó mucho conmigo cuando le regalé de cumpleaños una copia pirata de la película “La última noche de Boris Grushenko” de Woody Allen. Me dijo que le chocaba que las películas la trataran como si fuera tonta. Es verdad eso de que en nuestras vidas interiores todos creemos que somos sabios. Darse cuenta de que no es así lo lleva a uno a justificarse alegando es que esa película está muy difícil o excusas afines. La verdad es que el filme antes planteado es una burla formidable de eso que hoy podríamos llamar unánimemente: Los Grandes Rusos. Otra verdad es que muchas veces uno abandona un filme o libro porque, en efecto, está difícil.

Adquirí “¡Cavernícolas !” de Héctor Libertella por dos razones:

  1. Porque forma parte de una colección de libros realizada por Ricardo Piglia para el FCE llamada “La Serie del Recienvenido”, una colección de autores argentinos prácticamente inconsegibles en México, inexistentes. Piglia es jefe y después de leer “Formas Breves” yo recibo gustoso todo lo que de él venga.
  2. Porque el título es formidable. La palabra cavernícolas es en sí una maravilla, una forma de definir algo que existió previo al lenguaje. Hay mucha magia infantil en esa palabra (dinosaurio, agricultura, relámpago). Ponerla entre dos signos de admiración es incluso civilizado y doblemente hermoso. Cayendo en la trampa de que la hermosura pueda cuantificarse, claro.

“¡Cavernícolas!” es un libro acerca del hallazgo. El fatuo hallazgo de nombrar a las cosas. Libertella define a los Cavernícolas como aquellos “escritores que custodian, en las cuevas y tolderías literarias del presente, la remota tradición de lo nuevo”. Aiñ!

El libro se conforma de tres relatos largos que se pueden leer, individualmente, en una sentada. Sólo para ser posteriormente leídos por párrafos y con meditativa calma.

En el primer relato, “La Historia de Historias de Antonio Pigafetta”, seguimos a un dulcemente majadero Fernando de Magallanes (follones, inútiles, ignorantes, bribones) en su viaje de circunnavegación Es decir: la primera vuelta al mundo. Magallanes le dará su nombre al estrecho que todos tenemos en mente. Hablando del gusto por nombrar las cosas, en una de las páginas más luminosas de la trama, al antes conocido Mar del Sur lo renombran, por calmo, Océano Pacífico. Vaya cosa esa de ponerle nombre y apellido a tan inmenso tramo de agua baldía.

El segundo relato, intitulado “La Leyenda de Jorge Bonino”, empieza de forma espectacular: En una noche de septiembre de 1965 Jorge Bonino inventó un lenguaje y decidió presentarlo al público. En breves capítulos se desarrollan las trapisondas internacionales de dicha gira. Destaco un momento precioso en el que el personaje utiliza la expresión ¡palabra! para decir ¡lo juro! Es en este tipo de detalles en los que se va develando el juego de Libertella. Un juego lúdico y complejo en el que la erudición funciona como sintaxis, nos advierte Piglia en su instructivo prólogo. Cada línea, cada letra está ahí por algo, juega con el lector.

El tercer relato se llama “Nínive”. Trata del desciframiento de la escritura cuneiforme de los asirios. ¿El primer lenguaje escrito de la historia? En efecto. Contaré el final porque el gozo está en leer el cuento entero: los criptógrafos, emocionados, toman nota de las tablillas descubiertas. Al descubrir que los vestigios están todos adulterados por mordidas de rata usan dichas anotaciones para limpiarse la cola. Borges, a quien conviene mencionar en cualquier reseña de un libro argentino actual, dice que escribimos sobre arena pero hay que pensar que lo hacemos sobre piedra. En este relato de Libertella: sobre improvisado papel higiénico.

“¡Cavernícolas!” es un libro difícil y da la impresión de que está tratando como tonto al lector. Es porque, básicamente, la mayoría de los lectores somos medio tontos. Pasa con los relatos de Libertella como con Borges y como en la película de Woody Allen antes citada, uno se da cuenta de que está enfrente de algo muy divertido sólo en un análisis ulterior. Las tres partes en que se divide este texto son la complejizada historia de un fracaso. De tres fracasos del idioma. De tres graciosos fracasos del idioma. Magallanes que casi le da vuelta al planeta por chiripa. Un hombre que crea un lenguaje propio y por ende intraducible, ergo su muerte gramática. Los antropólogos que con sus traseros desvirtúan un lenguaje que realmente  ya a nadie le importa.

Ojo: hay una probabilidad altísima de que “¡Cavernícolas!” no trate para nada de esto que aquí escribo 🙁


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